Este año que recién despunta trae consigo una mezcla de incertidumbres ante el cada vez más elevado costo en los precios de los alimentos, combustibles, servicios, materiales de construcción, bienes; ante la inseguridad de las personas; ante la escasez de fuentes de trabajo, ante la creciente desigualdad en los ingresos y oportunidades.
No obstante, y simultáneamente, también es perceptible entre la población un sentimiento de optimismo, fundamentado en las acciones emprendidas por parte del Poder Ejecutivo y Judicial para combatir la corrupción e impunidad tanto a lo interno del gobierno como hacia afuera. Así, la labor que realiza la comisión interventora en el Seguro Social ha revelado la magnitud del cohecho y abuso de poder por parte de funcionarios de alto nivel, hechos que se detallan en el informe presentado a consideración del presidente Hernández, el cual anuncia que también se intervendrán otros entes públicos. Por otra parte, la cancelación y suspensión de jueces también demuestra que empieza a aflorar una voluntad política por combatir frontalmente los delitos de cuello blanco que, de forma permanente y sistemática, saquean al erario.
La UNAH ha revelado que las estadísticas de muertes violentas tienden a la baja, tendencia que debe tratar de reducirse aún más a efecto de hacer posible la convivencia pacífica y el trabajo productivo y creativo de la población, libre de los secuestros, extorsiones y chantajes.
Es fácil caer en estados depresivos, donde el pesimismo y la frustración se combinan para paralizarnos y reducirnos a la impotencia, concluyendo que no es posible la redención personal y colectiva.
Afortunadamente, hay señales concretas que apuntan hacia transformaciones reales que buscan revertir el actual orden de cosas signado por el temor y la incertidumbre ante lo que ofrece el mañana.
Para ese cambio de actitud, indispensable para poder enfrentar el sinfín de males que nos aqueja como comunidad, todas y todos debemos contribuir a crear una visión alternativa cimentada en el sí se puede, en la convicción que la mayoría de hondureños actuamos dentro de los parámetros de la honestidad y el pacifismo, que estamos dispuestos a dar la batalla frontal para desterrar de una vez por todas la baja autoestima, el desaliento, la impotencia, para cederle el paso a la confianza, el recíproco respeto, el optimismo, que harán de Honduras el hogar común, fraterno y generoso, para todas sus hijas e hijos.