Opinión

Telenovelas y narcotelenovelas

Modelo de telenovela sentimental latinoamericana fue Escrava Isaura (Red Globo, 1976), vista en 80 países y compuesta con base en una novela de 1875 escrita por Bernardo Guimaraes: “Tuvo enorme éxito en Polonia —primera telenovela allí transmitida— y Hungría. Los húngaros, no familiarizados con la trama ficcional, recolectaron dinero para liberar a Isaura. Fue asimismo el primer programa televisivo con heroína extranjera transmitido en República Popular China (450 millones de espectadores).

Simplemente María (Perú, 1969) fue la primera que traspasó fronteras y que con “El derecho de nacer” se instaló como objeto televisivo regional en América, mientras que “Los ricos también lloran” (Televisa, 1979), “Cristal” (Venevisión, 1985) y “Cassandra” alcanzaron éxito suprarregional e incluso mundial.

Cassandra conquistó espectadores en 128 países y “Los ricos también lloran” logró cien millones en Unión Soviética. “Betty la Fea” (RCN 2000), retitulada “La fea más bella” (Televisa 2006) y Ugly Betty (ABC 2006-2010) superó a todas pues se tornó en producto cultural de exportación al vender sus derechos para otras lenguas e incluso con diferentes tramas y ambientes. “Más de trece versiones se produjeron en el mundo. Ejemplos: Verliebt in Berlín (Alemania 2005), Yo soy Bea (España 2006), ‘El amor no es como lo pintan’ (TV Azteca, 2000), Jassi Jaissi Koi Nahin (India, 2003), Esti Ha’mechoeret (Israel, 2003), Ne rodis’krasivoy (Rusia 2005), Sensiz Olmuyor (Turquía, 2005); Lotte (Países Bajos, 2006), Μαρία η άσχημη (Grecia, 2007), Ne Daj se Nina (Croacia, 2007), Ošklivka Katka (República Checa, 2008), Sara de Roose (Bélgica, 2007-2008)” y la versión china “La fea sin rival” (2010).

Esta fórmula fue imitada por “Café con aroma de mujer” (1994; Televisa la llamó “Destilando amor”, 2007), y por la humorística “Pedro el Escamoso” (Colombia 2001), titulada en Televisa “Amo a Juan Querendón” (2007).

Las narcotelenovelas se alejan del conflicto individual y exponen los de carácter colectivo. En el drama puramente romántico asistimos a los altibajos de la pasión personal; este otro nos coloca ante la lente a las clases sociales, con sus lógicas y naturales contradicciones de interés y poder.

El subgénero de la narcotelenovela ––como su antecedente, el subgénero musical de narcocorridos–– ocurre en cercanos presentes y muestra estructuras reconocibles de la comunidad, con sus íntimas tensiones. “La narcocultura apareció en la cultura pop hace diez años con cierto tipo de música llamada narcocorridos —baladas mexicanas de la droga. La letra habla de a quién es que va a matar el capo, sus armas de oro decoradas con diamantes, sus drogas y cuántas mujeres tiene. Los fanáticos del narcocorrido son usualmente varones que buscan concretar su machismo. Las narconovelas se concentran, más bien, en las mujeres”.

Sobre los narcocorridos y las narconovelas dice Abreu: “el narcocorrido promovido con el poder de los medios modernos se convirtió en fructuosa campaña de promoción del narcotráfico, en la que se vende la idea (que no deja de ser real) de que traficar con drogas es la única forma objetiva en que una persona pobre y sin educación puede llegar a disfrutar de riqueza y poder, por lo menos un tiempo”.

La narcotelenovela exhibe a estirpes guerreras sin fidelidad militar (con mando y obediencia pero no disciplina ni unidad estratégica); a jerarquías y no a sistemas lógicamente concatenados; a jefes pero no clases bélicas, a sicarios pero no soldados, a corruptos pero jamás a convencidos de ninguna misión o lealtad.

De allí que —maravilla narrativa— todo pueda pasar en ella y sea reino de imaginación y fabulación, especie abierta de libro de caballerías al revés donde la hueste empeñada no marcha a la conquista del propósito noble o singular sino, irrevocablemente, sobre su ruta de propia destrucción. El narco-drama que cierra en happy ending no lo es.

De mi reciente libro (2014) “El ojo santo. La ideología en las religiones y la televisión”.