Este viernes nueve y sábado diez de diciembre, nuevamente, Honduras toda dirá presente, aquí estamos, a fin de colaborar económicamente -en la medida de sus posibilidades- con la Fundación Teletón, a efecto de recaudar fondos suficientes que hagan posible continuar prestando servicios de terapia y rehabilitación a los miles de compatriotas: niños, jóvenes, adultos y ancianos que, o bien presentan deformaciones óseas congénitas, o bien han sufrido accidentes que limitan o impiden su normal locomoción y desplazamiento por sí mismos.
Resulta altamente encomiable la entusiasta acogida y respaldo anual con que nuestro pueblo hace suyo el objetivo de brindar ayuda al minusválido. Tanto empresas como personas se involucran y solidarizan con una causa profundamente humana y noble. Igual actitud asumen las y los artistas nacionales y extranjeros que hacen una pausa en sus agendas para aportar sus talentos, destrezas y habilidades, al son de ritmos musicales y coreográficos, en esta maratón de voluntades y propósitos comunes.
Prácticamente no hay un centro urbano hondureño, grande, mediano o pequeño, en que no se encuentren personas minusválidas que están desprovistas de ayudas y tratamientos que les permitan tanto recuperar sus movimientos como su autoestima.
Y es gracias a la admirable buena voluntad colectiva que ha sido posible construir y equipar diversos centros de recuperación en distintas ciudades del país. Pero no es suficiente, las necesidades crecen al igual que los desembolsos.
También las alcaldías municipales se suman a esta campaña aportando el terreno donde se construyen las sedes locales de la Fundación Teletón, lo que sin duda constituye una donación significativa, debidamente reconocida -y agradecida- por sus directivos.
Resulta conmovedor darle seguimiento a las personas que inician su tratamiento: su férrea voluntad les permite superar los dolores temporales, los ejercicios rehabilitadores, la incomodidad inicial de adaptación a los aparatos ortopédicos, contando con la colaboración tanto de familiares como del personal especializado, hasta concluir con su recuperación, hecha posible por su disciplina y dedicación.
La sonrisa desplaza a la depresión, el deseo de retomar sus vidas a los traumas que temporalmente los han imposibilitado. Lejos de merecer conmiseración, se hacen acreedores de nuestra admiración y respeto.
Así pues, durante estos dos días y noches, renovemos nuestra identificación plena con una causa profundamente noble y altruista.