Opinión

¿Sin corruptos, estaríamos igual?

En campañas proselitistas todos hablan de corrupción, unos por cínicos y los menos, denunciándola. ¿Por qué esperar ser precandidato para luchar contra ella, por qué callar antes de tener poder?

El 15 mayo 2002, escribí con este título. Diez años y estamos peor, nada se hace y ya es intolerable.

¿Y si no tuviéramos corruptos, estaríamos igual? Puede ser la pregunta de un niño que no sabe lo que es un corrupto, ni cómo estábamos antes de ellos ni si estaríamos igual o si acaso estaremos peor de lo que estamos.

Es linda la inocencia y la edad en que se tiene, es un mundo de incógnitas lleno de sencillez, preguntas fáciles de respuestas difíciles o respuestas fáciles para preguntas difíciles.

Todo depende de si el interrogado es un adulto inteligente para poder explicarle la verdad sin que lo hiera y nunca mentirle para no distorsionar su frágil mente.

Al niño hay que decirle que corrupto es el que engaña y roba, el que jura en nombre de Dios en vano, el que no llega a dar clases y exige aumento salarial, el empleado que no trabaja y pretende una paga, el que injuria y se santigua, promete y no cumple; el político, religioso, ateo, creyente y el indiferente que miente; el que no hace nada pudiendo hacer, el funcionario que no funciona, el diputado imputado, el banquero financiando campañas políticas como inversión, el desvergonzado presumiendo de honrado, el periodista extorsionador y el ignorante que acepta un cargo para el que no está preparado.

Insistir para que no olvide que corruptos son los que nos han negado el presente y por los que ellos no tendrán un “futuro seguro”.

Si no tuviéramos corruptos tendríamos un país educado, sano y productivo. Con medicinas en hospitales nuevos o remozados y con tecnología moderna, nuestros niños en escuelas con pupitres y maestros de verdad. Un agro con tierra y semillas, con créditos, mercados de exportación y alto consumo interno. No habría necesidad de importar desde un tomate hasta huevos, porque ni eso tenemos.

Nuestras carreteras no serían remedos saturadas de baches de corrupción inocultable. Gozaríamos de seguridad sin contubernio entre policía, fiscales, jueces y crimen organizado.

El daño por la improvisación gubernamental con su corrupción monumental es irreparable. No tenemos desarrollo ni competencia como nación. Somos un país repleto de corruptos en las esferas gubernamentales y particulares privadas. La marea corrupta roja liberal, azul cachureca, verde militar y los camaleones políticos, lejos de extinguirse se expanden comprando conciencias, consiguiendo olvidos y evitando castigos.

Honduras sería un país diferente si los compromisos los solventaran los capaces sin la influencia dañina del que recomienda y el recomendado ignorante. No se perdería tiempo atendiendo clientelismo político.

Si hubiera empeño por trabajar con los mejores hombres y mujeres no necesitaríamos la imposición de mediocres que nos cuesta millones.

Los corruptos deben estar presos sin concesiones, sin cartas de libertad ni medidas sustitutivas, sin inmunidad ni impunidad y sin el perdón del dios que hoy invocan. Con corruptos podemos empedrar la calle que ha de llevar a otros a la cárcel.

Si no tuviéramos corruptos muestra nación sería otra, otra nuestra patria, otros sus hijos y otros los resultados, conoceríamos la honradez y la moralidad y la transparencia sería nuestro espejo, pero no, nos siguen mintiendo los corruptos que hablan de corrupción y se santiguan. Si no tuviéramos corruptos otro lobo nos aullaría.

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