“Cómo está lleno de serpientes este país, cuánto odio hay en las calles de Honduras, no hay valores fortalecidos por la sociedad por lo que el veneno se apodera y destruye la vida de las personas”. Cardenal Óscar Andrés Rodríguez.
Honduras sufre criminalidad, narcoactividad, delincuencia y el embate político que intranquiliza y desespera, anarquiza e induce a confrontaciones innecesarias.
Excelente analogía (comparar o relacionar dos o más seres, a través de la razón, señalando características generales y particulares, generando razonamientos basados en la existencia de semejanzas entre estos. Representación como objeto en la conciencia; y como objeto lógico del pensamiento).
“Serpiente, reptil sin extremidades, cuerpo largo, cilíndrico, cabeza aplastada, boca grande y piel escamosa, generalmente de distintos colores; se usa para hacer referencia figurada al demonio. Persona maldiciente o astuta para el mal”.
Lo expresado por el cardenal es de antología, mejor no podía ser, comparación perfecta del reptil con los reptantes conciudadanos que hacen el mal a sus propias personas y a la convivencia nacional.
El odio está entronizado, los valores perdieron valor. Los crímenes abominables evidencian decadencia social y moral publicitada sin respeto al dolor humano y a la que desgraciadamente nos estamos acostumbrando.
¡Cómo cambia el hombre cuando el valor no tiene valor! Todo transcurre como si nada porque nadie cambia. Sin castigo alguno sobrevivimos como en la selva. País de salvajes, dice mi amigo Hugo. Sálvese el que pueda y si lo logra cállese.
El silencio se impone, no hay cumplimiento de la ley. La transgrede el gobernante que miente y el político que debe respetar para ser respetado, el poderoso y el corrupto que tienen a la justicia coludida y el delincuente común que sin esos “atributos” se impone por la fuerza y la sinrazón.
Estos maldicientes antisociales en la calle son los reptiles del sermón, empoderan el veneno por doquier destruyendo la institucionalidad gubernamental, violentando la civilidad, la convivencia familiar y el desarrollo comunal.
El desasosiego empeora con la pobreza que va de la marginalidad a la miseria con el agregado del vicio y el abandono.
Los políticos en lugar de estar disputando como serpientes venenosas espacios para acusarse entre ellos por su mala memoria y peor conciencia, olvidan que el pueblo no olvida. Sus arengas son repetitivas no propositivas.
Deben dar soluciones reales al desempleo, insalubridad, educación, seguridad, emigración, comunicación, producción, competitividad y dejarse ya, pero ya, de tanta insulsez que linda con la mentecatez.
Los políticos son referencia de lo peor que nos puede pasar, si ellos son impunes ¿porque no los otros delincuentes? Estamos en total indefensión.
“Nuestra Honduras está sumida en violencia, cuando cada día muere gente, porque estamos en tinieblas, porque necesitamos la luz de Dios, la luz de la fe, que nos vuelva a iluminar y nos recuerde que cada día el ser humano tiene una dignidad especial porque es hijo de Dios, aun el niño más pequeño, aun el anciano”. Cardenal Rodríguez.
Patria, te estamos perdiendo porque no hay autoridad moral en quienes están obligados a darnos paz y progreso. Tan lejos de Dios y tan cercados por serpientes.