Opinión

Realismo político y demagogia

En la medida que se aproxima la fecha en que se llevarán a cabo las elecciones internas partidarias, en esa proporción se intensifica la propaganda orientada al convencimiento y persuasión del electorado, a fin de capturar el voto ciudadano a favor de determinado candidato.

Se invierten cantidades estratosféricas en publicidad, pago de activistas y periodistas, alquiler de vehículos, ignorándose tanto el origen de esos dineros así como los compromisos contraídos a cambio de los aportes económicos recibidos.

En el afán de capitalizar sufragios, se recurre a tácticas reñidas tanto con la legislación electoral como con la ética, para el caso el traslado y movilización de personas hacia lugares diferentes al del domicilio para que depositen el voto, sea prometiendo combatir la corrupción aun si quien lo ofrece carece de suficiente honorabilidad en sus actuaciones y desempeños públicos y privados, ayunos de transparencia.

Aquel promete la generación de miles de puestos de trabajo sin explicar cómo y con qué fondos lo concretará; este recicla la fallida política de “cero tolerancia” con la delincuencia, todos recurren al plagio de música ajena, en violación de los derechos de propiedad intelectual y ninguno aborda con seriedad y realismo -con sentido de lo posible- la compleja y asfixiante crisis social, económica y moral que asfixia a la población, inmersa en un clima de angustiante incertidumbre ante el hoy y el mañana.

Se apela al clientelismo, a las dádivas, al exhibicionismo, a la demagogia, al pan y al circo temporales, perpetuando prácticas caducas y desprestigiadas, demostrando la falta de honestidad, creatividad y sinceridad en las ofertas.

Las intrigas, los insultos, las medias verdades, forman parte de las estrategias de nuestros políticos, ayunos de planes y programas, de visiones estrategias, de modelos originales.

Todo indica que lo ocurrido en 2009, que polarizó a la hondureñidad incluso a nivel de familias, no fue analizado y estudiado por la clase política nacional, sin deducir las lecciones inherentes, y continúan con las mismas conductas inescrupulosas y caducas en su desempeño político.

Aun hay tiempo de rectificar para no continuar ofreciendo ilusorios paraísos y tierras prometidas, que a lo que conducen es a una progresiva alienación y a un cada vez mayor abstencionismo electoral.

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