El crecimiento de la pobreza y miseria en Honduras aumenta en la misma proporción que crece el desempleo abierto y oculto y se disparan los precios de la canasta básica -que el actual Gobierno piensa gravar en su casi totalidad-, al igual que los de los derivados del petróleo.
La Iglesia Católica no ha permanecido al margen de este drama cotidiano que golpea sin piedad a la población. En reciente editorial del decano de la prensa nacional, el semanario Fides, afirma: “Lo que mas necesita Honduras para salir de su postración y atraso es la creación de nuevas estructuras que consoliden un orden social, político y económico en el cual desaparezca la inequidad… es necesario que exista mayor producción y una forma más equitativa de distribución de la riqueza… la pobreza debe ser considerada un mal social… la pobreza permite que una persona sea instrumentalizada y esclavizada”.
La más reciente y exhaustiva investigación acerca de esta temática lo constituye el Informe sobre Desarrollo Humano, Honduras 2011: reducir la inequidad: un desafío impostergable, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Detalla los diversos tipos de inequidad existentes: económica: distribución de ingresos, concentración de la tierra y capital, inequidad en el acceso al crédito y en el pago de impuestos.
Social: en salud, educación y nutrición.
Política: acceso al poder y a la toma de decisiones a nivel de Estado.
Justicia: acceso e impartición.
Territorial: regiones prósperas y deprimidas.
Género: las mujeres aún viven en desventaja social con respecto a los hombres, obstaculizando sus capacidades.
Las cinco se relacionan e interactúan entre sí, perpetuando penurias, injusticias, desesperanzas, alienaciones, todas remediables si el sector público, el privado, los partidos políticos, gremios, organizaciones sin fines de lucro, intelectuales, ciudadanía, son capaces de alcanzar un acuerdo consensuado o pacto social –con carácter de urgencia– en el que se depongan intereses y privilegios clasistas y grupales para construir en el corto, mediano y largo plazo un hogar común con igualdad de oportunidades para todos (as).
De no hacer frente a estas gravísimas realidades, las tensiones, conflictos, protestas, irán creciendo geométricamente, poniendo en peligro la convivencia pacifica y la estabilidad política e institucional.
Si el egoísmo y la visión particular y excluyente continúan prevaleciendo llegaremos, sin duda, a la condición de nación colapsada y fallida, sin posibilidad de redención.