Opinión

Petición hondureña a la ONU

Al continuar con sus esfuerzos pacíficos para que finalmente se cumpla la sentencia del máximo tribunal internacional de justicia, Honduras ha solicitado a la ONU el nombramiento de un comisionado para el Golfo de Fonseca.

Y es que después de más de 21 años de emitida la sentencia en nada se ha avanzado en el cumplimiento de la misma con relación al manejo del Golfo de Fonseca, donde se estableció la co-soberanía para Honduras, El Salvador y Nicaragua.

Los gobiernos de los dos últimos países no han mostrado ningún interés y más bien han adoptado toda una serie de dilatorias para cumplir a cabalidad la sentencia de 1992.

En el caso de Nicaragua, más bien es constante el abuso que sus autoridades cometen contra los pescadores hondureños a los que se les captura, se despoja de sus lanchas y demás aperos, los que solo pueden recuperar después de pagar fuertes cantidades de dinero.

El Salvador, incluso, ha tratado de crear conflictos por asuntos que están históricamente tan definidos y aceptados que ni siquiera fueron parte de la disputa dilucidada por la Corte Internacional de Justicia, tal es el caso de la isla Conejo, llegando hasta amenazar el equilibrio armamentista de la zona al comprar a Estados Unidos el año pasado una flota de aviones.

En ese sentido, la solicitud planteada por Honduras ante el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tiene como propósito involucrar al máximo organismo internacional para que aporte sus buenos oficios a fin de que se cumpla el fallo de la Corte de La Haya y garantizar así la paz, el desarrollo y la seguridad.

La petición, que el secretario general ha turnado a la oficina de Asuntos Legales y Asuntos Políticos de la ONU, pone también de manifiesto el respeto y la confianza de Honduras hacia los organismos internacionales encargados de moderar las relaciones internacionales.

De esta forma nuestro país procura ponerle fin al estancamiento en el cumplimiento de la sentencia de La Haya de 1992, a los constantes roces entre los tres países y al sufrimiento de los compatriotas que viven de las riquezas del Golfo de Fonseca; pero sin abandonar los canales diplomáticos, pacíficos y del respeto de la ley internacional.

Esperamos que la ONU responda afirmativamente y, mejor aún, que tanto El Salvador como Nicaragua emprendan pronto acciones para acordar un manejo del golfo que esté enmarcado en el fallo de La Haya y en el dilatado proceso de integración del istmo centroamericano.

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