Porfirio “Pepe” Lobo anunció la Operación Relámpago para enfrentar la altísima criminalidad y violencia que nos azota. Pasado el tiempo y con la medida en marcha se atreve a decir que ha sido un éxito, incluso asegura que las muertes han “disminuido dramáticamente”.
Juan Orlando Hernández Alvarado, en su lanzamiento como precandidato del Partido Nacional a la presidencia de la república, arengando a sus correligionarios asistentes les preguntó varias veces “¿Quién dijo miedo?”, y sus seguidores aplaudiendo frenéticamente gritaban “Nadie”. Convincente o conveniente.
Ambos políticos, ocupando dos de los tres más altos cargos que confiere el sistema democrático que decimos tener, de repente deben hacer una reflexión que les sirviera de catarsis, entendiendo como tal la “Purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza. Eliminación de recuerdos que perturban la conciencia o el equilibrio nervioso”. RAE.
Lo dicho por los personajes citados, conlleva una seguridad de hecho que no da lugar a dudas y eso puede prestarse a que conociendo los resultados que hemos tenido desde que somos “pueblo: masa” aceptemos el refrán popular y digamos que “Del dicho al hecho hay mucho trecho” en el mejor de los casos y, en el otro extremo, es que estemos ante dos hombres arrogantes, sabiendo que arrogancia es una “cualidad” que se refiere al excesivo “orgullo” de una persona en relación consigo misma y que la lleva a creer y exigir más privilegios de los que tiene derecho. Y eso es peligroso.
¿Por qué? Sencillo, porque si uno se convierte en “Pepe” Rayo con su operación relámpago y el otro en un Juan sin Miedo, tenemos un “dúo dinámico” que no sabemos de lo que es capaz para lograr la seguridad pública y privada que hace mucho perdimos.
De lo que estoy convencido es de que Lobo Sosa no pierde tiempo leyendo las noticias de los periódicos ni escucha radio ni ve televisión, medios que quiere controlar para evitarse críticas y ponerlos bajo su égida.
Si tan solo viera u oyera los titulares se enteraría de que continúan muriendo hondureños “dramáticamente” por violencia, sea por ajustes de cuentas entre maras o delincuencia común o por drogas.
El gobernante no tiene quién le informe que el país sigue siendo el más violento de casi todo el mundo y que la inseguridad aleja la inversión y la prosperidad.
O si le “soplan” esas verdades las ignora y como “ojos que no ven, corazón que no siente”, sigue siendo el “Pepe” Rayo soberbio, impositivo pero inseguro que tenemos y cuya Operación Relámpago no le alumbra el camino de la verdad y de la justicia. Así nos mintió en campaña.
Hernández Alvarado al preguntar que quién tiene miedo, seguro tiene un plan para darnos seguridad y tranquilidad en todo lo que andamos cojeando o da por hecho que ya llegamos al tope de nuestra tolerancia y nada nos asusta porque perdimos la capacidad de asombro.
Posiblemente esta segunda hipótesis se sustente en el conformismo popular de la indiferencia y el fastidio crónico que padecemos por ser siempre burlados por la mentira y la sonrisita y engañados por no detenernos a analizar lo que nos dicen los políticos. Por ellos, debemos creer todo sin creer en nadie.
Así nos va a ir mejor, aunque sea una pena que seamos diferentes o quizá porque somos diferentes no sentimos pena.
“Pepe” Rayo no relampaguea y tiene a Juan Pueblo con miedo.