Opinión

No somos hermanos centroamericanos

En El Heraldo he escrito: 19 abril 2001, “Los centroamericanos somos vecinos terrenales, amigos ocasionales y hermanos circunstanciales”; 17 septiembre 2002, “¿Hermanos centroamericanos?”; 16 septiembre 2003, “¿Está unida Centroamérica?”; 2 mayo 2006, “Saca ‘El tigre’ ‘Mel’”.

Como mantienen actualidad, retomo algunos párrafos. Por estar territorialmente unidos somos vecinos terrenales. Por las vivencias en común resultamos amigos ocasionales. Haber nacido el mismo día a la vida independiente nos hace hermanos circunstanciales. Estar separados por férreas fronteras por problemas no superados significa que no entendemos la vecindad. La historia registra violencias, violaciones y violadores. La amistad entre pueblos es constancia de concordia, es comprender el límite de nuestro interés para no perjudicar al amigo. Es permanente diálogo de respeto, admiración y aceptación de ser diferentes pero iguales en nuestros derechos y deberes. Hemos sido amigos quisquillosos y recelosos respetándonos superficialmente.

La hermandad es afecto que se fomenta y aquilata continuamente. Se es hermano cuando se comparte la alegría y el dolor, cuando si ofendemos pedimos perdón y se consigue el olvido sin rencores ni represalias. No hemos tenido esa hermandad centroamericana tan llevada y traída por los políticos transitorios de estos países permanentes, que con iguales penurias tienen profundas diferencias estructurales y de superación.

El Parlacen, “exilio y refugio de nuestras vergüenzas”, no está integrado por todos los países centroamericanos. Si no nos creemos entre nosotros, ¿quién nos podrá creer? Nicaragua nos impuso un insultante arancel y como siempre la respuesta gubernamental fue tardía y timorata. Guatemala, El Salvador y Nicaragua hacen un convenio comercial y nos excluyen. El Salvador y Nicaragua pretenden cerrarnos el paso por el golfo y quieren negociar lo innegociable y nos pajean. Costa Rica busca sus propios mercados bilaterales. Panamá es diferente e indiferente, no necesita el concurso de los “hermanos”. El mandatario nicaragüense, que nunca ha sido ni será amigo y menos hermano, nos acusa de todo para distraer a sus coterráneos y nuestros gobernantes corren a desmentir lo mentido por el metido que da demostraciones hipócritas de “amistad y hermandad”.

¿Cuál integración?, cercana lejanía nos separa, débil unión nos divide, lastimera precariedad nos empobrece. No sentimos el dolor y la necesidad del vecino, amigo y “hermano centroamericano”. Prepondera el interés de cada país que hace lo que quiere, se puede aun cuando no se permite. Los morazanistas de discursos no saben cómo fundir estas parcelas que valdrían lo que no valen separadas. Nos unen solo las desgracias naturales. Los gobernantes en abrazos hipócritas reparten condecoraciones y firman compromisos que incumplen con gozo premeditado y consciente.

Saca, el ex presidente guanaco, quiso la represa “El Tigre”, ahora Funes pretende “El conejo”. Son “bayuncos” los “hermanos” pipiles que atacan por montones y nos entretienen con mojones sin fin porque nos faltan cojones.

Pensemos en, por y para Honduras, cada “hermano” en lo suyo y con su orgullo. La Patria es como la Madre, solo hay una, y hermanos somos solos los hijos de ella. No digamos que somos ni siquiera “hermanos centroamericanos” putativos, porque no lo fuimos, somos ni seremos. Estamos en el mes de la Patria, honrémosla defendiéndola con amor.