Opinión

No hay soluciones mágicas

En momentos de crisis, de desesperación; cuando las cosas van en extremo mal en una sociedad, en un país democrático; cuando los políticos han fallado una y otra vez en la búsqueda de soluciones y más bien parecen empeorarlo todo, llegando incluso a crear desesperanza, no faltan los simplistas que ven una solución en lo mágico-religioso o en las dictaduras propiamente dichas.

Así, en estos días de incertidumbre y miedo en que vivimos en Honduras, no es raro escuchar que aquí la única solución es “sacar a los políticos del poder”, que “hombres temerosos de Dios” asuman el control del país o que “los militares vuelvan al poder”.

En la práctica todos sabemos que ambas opciones ya han fallado en diferentes épocas, en diferentes países, por la sencilla razón de que gobernar es el papel de los políticos, obedecer es el de los militares y cuidar la fe hacia determinada doctrina es la de los religiosos.

Los gobiernos aquellos en que el Estado y la Iglesia eran en la práctica uno solo y en los que las grandes decisiones estaban en manos de las cúpulas religiosas no han sido precisamente un dechado de eficiencia, de honestidad, de pacifismo, de justicia, de crecimiento económico o de progreso científico, tecnológico o artístico.

Y no hay diferencia alguna entre una religión, denominación secta u otra clasificación. En la Edad Media abundaban los desmanes cometidos por regímenes influidos por la Iglesia Católica. Entre los regímenes militares de Guatemala, uno de los más déspotas y sanguinarios fue el del evangélico protestante Efraín Ríos Montt. En la actualidad el único gobierno controlado completamente por religiosos es el de Irán y es el que actualmente tiene al mundo en riesgo de una conflagración nuclear.

En el caso de los militares, los “desaparecidos”, las matanzas, la corrupción y su vinculación con el narcotráfico son los hechos que más se recuerdan de sus dictaduras en varios países. Y todavía en el presente, el caso de México nos ilustra que en vez de una solución al problema del narcotráfico, más bien son parte del problema.

En síntesis, no hay ninguna alternativa para gobernar en democracia más que los políticos. Y la democracia es el mejor sistema. La opción de los votantes es elegir a los buenos políticos y no seguir llevando al poder a los mismos de siempre. Las soluciones mágicas, simple y sencillamente, no existen.