Unas de las principales causas de los graves problemas que sufrimos los hondureños y del caos en que vivimos es el permanente irrespeto a las leyes, ordenanzas y todas las disposiciones de las autoridades ni siquiera cuando estas son producto del clamor popular y el consenso generalizado.
Un ejemplo de esta lamentable realidad es el problema de la maraña con que las empresas que venden los servicios de televisión e Internet por cable han sobrecargado los postes de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, lo que no solo es un contaminante visual sino una amenaza latente para conductores y peatones, como quedó demostrado en septiembre de 2012 cuando un poste saturado de cables cayó sobre varios vehículos, causando la muerte del presidente de la Federación Nacional de Agentes Aduanales de Honduras y exdirectivo del Motagua, Gilberto Díaz del Valle.
Meses antes de aquella tragedia, EL HERALDO había advertido que la maraña de cables representaba una amenaza para la seguridad de los capitalinos.
Días después, se anunciaron medidas para que las empresas de cable al menos retiraran el material que no estaban utilizando, ya que hasta usaban los postes como almacén.
Mucho tiempo ha pasado desde entonces y todo sigue igual. Incluso, el año pasado, la Alcaldía capitalina debió liberar por su propia cuenta los postes ubicados en el tramo que recorrerá el Trans 450, ya que los irresponsables empresarios no lo hicieron y algunos de ellos tuvieron la desfachatez de quejarse por la premura con que se les pedía corregir sus abusos.
Pareciera que ni el gobierno central ni el local pueden poner orden a las empresas de cable. La semana pasada volvió a darse otro accidente cuando un poste de alumbrado público aplastó otro vehículo en la colonia Lomas del Guijarro.
El gobierno anterior se limitó a darles ultimátum, que nunca cumplieron, para que retiraran los cables del alumbrado público. El gobierno local tampoco ha hecho mayor cosa. Son empresas abusivas que hasta se burlan de las autoridades.
Ya es tiempo que se haga algo para revertir el desorden en el que vivimos. Y poner en cintura a estos empresarios abusivos sería un buen principio.