En estas vacaciones, que muchos comienzan desde hoy mismo, miles de compatriotas viajan, bien a sus lugares de origen bien a sitios turísticos, en búsqueda de recreación y sano esparcimiento sea en el interior de Honduras o en el exterior, dependiendo de su disponibilidad económica.
Pero muchos otros optan por permanecer en sus hogares, a efecto de descansar del cotidiano trajín –reponiendo energías y manteniendo los gastos extraordinarios al mínimo-, además de custodiar sus viviendas adoptando suficientes medidas de seguridad ante la incertidumbre y zozobra provocadas por la delincuencia.
Existen muchas actividades que se pueden realizar en estos días de feriado, que van desde la limpieza y arreglo de la vivienda –anticipando las próximas lluvias invernales- hasta concluir las lecturas pendientes, interrumpidas por interferencias de distinto tipo.
Adicionalmente, habrá quienes se dediquen a la gastronomía, preparando viandas propias de la ocasión, degustándolas con familiares y amistades.
Los creyentes asistirán a oficios y ceremonias religiosas, encontrando tiempo suficiente para meditar respecto a la orientación y rumbo de sus vidas, al igual que sobre las fuerzas que las moldean en el cotidiano existir.
Los arreglos florales, las alfombras multicolores de aserrín, debidas al talento y devoción de los feligreses, representan otro atractivo para quienes optan por permanecer en sus sitios de residencia.
Sea que viajemos u optemos por no desplazarnos, debemos actuar con prudencia y cautela tanto ahora como en el actuar cotidiano, a fin de garantizar la seguridad y bienestar de nosotros y nuestros seres queridos.
Esto es válido sea que recurramos a trasladarnos en nuestros propios vehículos o en unidades de transporte colectivo: la imprudencia, el exceso de velocidad, la ingesta de alcohol, el conducir sin previo descanso reparador, el bañarnos en aguas profundas sin conocimientos de natación, representan conductas irresponsables que frecuentemente tienen consecuencias trágicas para los involucrados y sus familias.
Que este período vacacional signifique el disfrutar en paz, salud, tranquilidad, a fin de que al reintegrarnos a nuestras labores, lo hagamos con la satisfacción que las iniciamos de manera óptima, sin enfermedades, en armonía y con suficientes ingresos para hacerle frente a los gastos aun pendientes en lo que resta para que concluya el mes.
Prevenir y no tener que lamentar constituye la clave para disfrutar de una tranquila y reparadora Semana Mayor.