Opinión

Las raíces de la crisis

La crisis económica que hoy sacude a los países ricos, como todos los males de la humanidad, tiene su raíz en la pérdida de valores morales, la falta del sentido común en el manejo de las finanzas familiares, empresariales y estatales, y en la imposición desde los altos círculos del poder económico –el poder real—de devastadores hábitos de consumo.

En países subdesarrollados como el nuestro es, precisamente la adopción de esos patrones morales distorsionados y la sumisa aceptación de las imposiciones internacionales, aplicadas por el poder económico y políticos locales, las que también nos ha llevado de la crisis económica permanente a carencias todavía peores como la inseguridad que hoy sufrimos.

De la misma forma en que poner al libre mercado por encima de la persona humana fue aprovechada por capitalistas inescrupulosos para crear la crisis que hoy sufre Europa, Estados Unidos y otros países desarrollados; la corrupción de los políticos en el manejo de los recursos públicos y la absoluta impunidad de que disfrutan, provocó en naciones pobres como Honduras el completo irrespeto a la ley por parte de todos, tanto que hasta la propia Constitución es violada tantas veces como convenga a quienes ejercen el poder real.

Por otro lado, los países, al igual que los ciudadanos de los mismos, hace tiempo que gastan más de lo que obtienen en impuestos o en salarios lo que ha causado un paralizante sobreendeudamiento que ha superado con creces, en muchos casos, su propia capacidad de pago.

Así como la impunidad ante la ley internacional de que gozan naciones poderosas, como Estados Unidos, ha estimulado a otros países e individuos a caer en agresiones injustificadas, también prácticamente toda la humanidad sigue los patrones de consumo de esos países ricos, lo que ha profundizado el descalabro económico y el deterioro del medio ambiente.

En la actualidad, valores como honestidad, austeridad, trabajo, humildad, perseverancia, respeto, parecen haber desaparecido y son sus contrarias del otro extremo las que se imponen y las que son hasta vistas como los peldaños más efectivos para alcanzar el éxito.

Para salir de forma permanente de la crisis social, económica y política que sufrimos actualmente, habrá que recuperar los valores perdidos y ver mucho más allá de las cosas materiales para buscar también la riqueza moral, intelectual, psíquica y espiritual.

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