Aunque ya parece un viejo espectáculo surrealista, con escenas que se repiten una y otra vez, desde la década de 1950, el conflicto de la península coreana recibe este año pincelazos inéditos, principalmente por el recién iniciado mandato de Kim Jong-un, pero también porque el discurso guerrerista ha llegado a la amenaza del uso de armas nucleares y a la movilización de sistemas de defensa antimisiles por parte de Estados Unidos y Corea del Sur.
El discurso incendiario de los dirigentes norcoreanos —el actual, Kim Yong-un, es el tercero de la dinastía Kim, inaugurada por su abuelo, el fundador de Corea del Norte, Kim il Sung— ya es una constante, aunque también la prudencia estadounidense, que se contrapone a su actitud histórica que lo ha mantenido en guerras permanentes, las más recientes en Irak y Afganistán, o atizando otras como ocurrió hace poco en Libia y actualmente en Siria.
Como siempre, el estallido de la guerra verbal coincide con los ejercicios militares que anualmente realizan Corea del Sur y Estados Unidos, que este año incluso llegaron hasta al sobrevuelo de aviones de combate sobre Corea del Norte y se vio reforzado con las nuevas sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en castigo de la oposición de Pyongyang a someter su programa nuclear al control de las potencias mundiales.
Aunque la mayoría de los expertos dudan que Corea del Norte tenga la capacidad militar de atacar, mucho menos con armas nucleares, como ha amenazado, el régimen comunista asegura que son sus armas de destrucción masiva y su voluntad para usarlas las que la mantienen libre de un ataque estadounidense y surcoreano, lo cierto es que ya ha realizado varias pruebas tanto de armamento atómico como de misiles que pueden alcanzar objetivos hasta a 4,000 kilómetros de distancia.
Además, la amenaza de un ataque por parte de Estados Unidos y Corea del Sur es uno de los pilares que sostienen al cerrado régimen comunista, que mantiene aislada y sin acceso a los modernos medios de comunicación a su población, lo que le permite conservar vivo el temor y recuerdo de los brutales ataques aéreos estadounidenses que en la década de 1950 destruyeron el 85% de la infraestructura de ese país.
La movilización de al menos dos misiles de medio alcance hacia lugares estratégicos en el territorio norcoreano, comprobado por la inteligencia estadounidense, y el anuncio de que la guerra podría comenzar “hoy o mañana”, no deja de sembrar incertidumbre en un mundo ya bastante conflictivo.