En el curso de este mes, tanto las organizaciones afrohondureñas como el Gobierno estarán conmemorando con actos de contenido cultural los diversos aportes que nuestros compatriotas negros han brindado en la forja de la nación y de la diversidad en nuestra identidad.
Es oportuno recordar que la migración africana al hemisferio occidental no fue voluntaria, fue forzada mediante una actividad comercial cruel, despiadada, degradante: la esclavitud, a fin de reemplazar a la declinante población aborigen, también reducida a explotación esclava y servil. Para ambos grupos étnicos su esencial condición humana fue reducida, ante los ojos de sus propietarios, a una mercancía más, objeto de compra-venta.
Fue hasta en el curso del siglo XIX cuando esta infamante institución fue abolida –pacífica o violentamente según los casos-, lo que no significó una apreciable mejora en las condiciones de vida de los libertos.
Ello le da aún mayor significado y reconocimiento a los logros que, a fuerza de tesón, perseverancia, iniciativa, capacidad de adaptación a nuevos retos, han logrado alcanzar, mediante la educación, la organización, la movilización.
Y esa superación ha debido enfrentar prejuicios, discriminaciones, estereotipos, por parte de algunos connacionales que no logran aceptar que Honduras es, afortunadamente, un país multiétnico y pluricultural, lo que enriquece la diversidad de orígenes y cosmovisiones patrias.
Y nuestros compatriotas negros han sabido proyectarse más allá de Honduras, mediante la música, la danza, el deporte, el trabajo cotidiano, tanto en América como en otros continentes.
En la medida que nuestros grupos étnicos logren mantener sus patrimonios culturales pero, al mismo tiempo, posean la suficiente flexibilidad para adaptarse a los cambios, lograrán alcanzar un necesario equilibrio entre tradicionalismo y modernismo, impulsando tanto su desarrollo humano como económico.
Y deben forjar lazos solidarios entre ellos, para enfrentar unificados los problemas que continúan aquejándolos: tenencia de la tierra, salud, vivienda, empleo, seguridad, que también afectan a los mestizos.
No debe olvidarse que, independientemente de la pigmentación de nuestra piel, nos hermana el poseer un presente y un futuro compartido, y un común espacio geográfico: Honduras.
Y su destino, hoy incierto, nos compete por igual a todos y todas los que nos cobijamos bajo el azul y blanco de sus cielos.