Mientras la irregularidad de las lluvias echa a perder un alto porcentaje de los cultivos de los pequeños productores de granos básicos catrachos, la carestía de frijoles pone en evidencia no solo la falta de una auténtica política de producción agrícola y seguridad alimentaria sino también la ya tradicional parsimonia de nuestra burocracia.
En primer lugar, es lamentable que a estas alturas de la historia humana los campesinos hondureños estén dependiendo de las lluvias para tener éxito en su actividad productiva, a pesar de la riqueza hídrica con que contamos y la rentabilidad de la producción de alimentos.
Por otro lado, a pesar del intervencionismo estatal en el mercado, que a veces incluso pretende imponer el control de precios a los productos agrícolas, los campesinos hondureños no cuentan ni siquiera con un precio de garantía, por lo que no es raro que incluso teniendo una buena cosecha sufran pérdidas. De hecho la actual escasez de frijoles es producto de las dramáticas caídas de precios en años anteriores, tan bajos que ni siquiera cubrían los costos de producción.
Pero lo de más actualidad en el tema de los frijoles es la lentitud de los funcionarios para atender la crisis, comenzando por un diagnóstico equivocado, ya que la misma es producto de la escasez de la leguminosa y no del acaparamiento por parte de los comerciantes.
Desde mayo pasado se anunció la llegada de 40,000 quintales de frijol rojo desde Etiopía. El arribo se ha pospuesto en muchas ocasiones, con diversas excusas y hasta la cantidad de lo poco que se ha importado no coincide en las declaraciones del mismo ministro. En todo caso, los altos precios del grano se mantienen debido a la escasez.
El más reciente anuncio del titular de la Secretaría de Desarrollo Económico es que los frijoles africanos llegan mañana jueves o el viernes, con el agregado de que ya no se venderán en Banasupro a 46 lempiras sino que a 55 lempiras las cinco libras.
Esperemos que esta vez sí sea cierta la llegada del escaso grano y que la cantidad y la efectividad de su distribución a nivel nacional sea suficiente para impactar en el mercado a fin que quienes no tienen acceso a un Banasupro estén pagando hasta 150 lempiras por cada cinco libras de frijol. Pero más importante aún, que se creen las condiciones necesarias a fin de incrementar la producción nacional.