Opinión

FilosofÍa inició en Caribe

El título que introduce este artículo fue también el nombre de una disertación pronunciada por el doctor Enrique Dussel durante el I Congreso de la Asociación Filosofía del Caribe. Y a su vez, ha sido una de las frases que llamó la atención a quienes tuvimos el placer de escucharlo en el recién celebrado III Congreso de Filosofía de Centroamérica, ocurrido en Ciudad Guatemala del 13 al 15 de noviembre de 2012.

Dentro del conjunto de actividades del Congreso centroamericano, que incluyó ponencias de casi toda la región, además de la celebración del día mundial de la Filosofía, me propongo realizar una reseña particular de las ideas expresadas por el maestro Dussel, uno de los padres de la Filosofía de la Liberación en América Latina. El proyecto que nos presentó puede catalogarse, sin duda, como de categoría mayor, ya que afecta de manera esencial el presente y futuro de la reflexión filosófica en América Latina y, como se comprenderá, al concluir la lectura, para el mundo filosófico occidental y mundial.

Partiendo de la pregunta de Salazar Bondy que decía: ¿existe una filosofía latinoamericana?, el expositor contestó con un rotundo sí, pero a la vez estableció la limitante principal para que esta respuesta no pueda proclamarse aún de modo amplio y convincente. Partiendo de una reflexión del filósofo alemán Walter Benjamín, tenemos que una condición necesaria para que una idea o propuesta filosófica sea tomada en cuenta a nivel universal, es contar con grandes pensadores que le hagan la crítica correspondiente. O sea, sin una crítica que valore las ideas de los pensadores latinoamericanos que ha habido, incluso antes de la época colonial, sus grandes aportes quedan reducidos al anonimato y a la irrelevancia. Un ejemplo tomado de la filosofía griega clásica es el de Heráclito y Aristóteles. Si bien el primero propuso algunas ideas filosóficas, fue hasta que Aristóteles retomó sus planteamientos -y mostró que de ahí parte su gran pensamiento- cuando Heráclito es elevado y realzado históricamente, para considerarlo junto a Parménides y los presocráticos como la antesala obligada del pensamiento filosófico occidental.

Y precisamente esto es lo que nos hace falta en América Latina. Rescatar a nuestros autores, pues una obra por muy buena que sea, sin la crítica correspondiente, tiende a desaparecer. Hubo una legendaria generación de filósofos latinoamericanistas que hicieron un primer intento en este sentido, y que liderados por el mexicano Leopoldo Zea a mediados del siglo XX lograron trabajar una historiografía filosófica por países. Sin embargo, hacía falta una síntesis latinoamericana que nos abarcara en conjunto.

He aquí la grande novedad que el doctor Dussel nos describió magistralmente: la publicación del primer tomo de una historia del pensar filosófico de nuestra región latinoamericana. Su nombre, su composición y análisis, junto a la tesis de fondo que guió la respectiva redacción, conducen a perfilar un nuevo momento para lo que es el ejercicio de filosofar tanto a nivel de docencia, de investigación y de vinculación academia-sociedad.

La obra se titula: El pensamiento filosófico latinoamericano, del Caribe y “Latino” [1300-2000]. Como podrá observarse por este título, hay un seguimiento del pensar filosófico no solo en el área continental, sino en las Antillas y, además como novedad, en lo “Latino”, que hace referencia a la producción de pensamiento de nuestros hermanos migrantes en USA, que en ese lugar están tomando relevancia, no solo política y culturalmente, sino también en el quehacer filosófico.

Con la novedad aperturada por este título, la obra posee una tesis de fondo, que se refleja especialmente en la primera de sus cuatro grandes secciones, dedicada a la historia. En este apartado, existe una nueva visión del recorrido del pensar filosófico que retoma las culturas náhuatl, maya, tojolabal, quechua, mapuche, guaraní, como espacios específicos y válidos de desarrollo filosófico en etapa precolombina; luego de ello, pasa a destacar la filosofía colonial en la modernidad temprana, lo cual señala una ruptura esencial con el modo occidental de concebir el inicio de la filosofía moderna, que se marca a partir de Descartes (1636), o sea, siglo y medio después.

La tesis fuerte es que la modernidad inicia para Europa con el hecho americano. Sin América no hay modernidad para Europa. La modernidad iniciaría propiamente en el siglo XVI y no en el XVII como se ha temporizado clásicamente. De ahí que la frase que titula este artículo viene a ser supremamente lógica y justa, ya que la primera pregunta de la modernidad parte del encuentro de los españoles con los aborígenes caribeños, donde los primeros se decían: “¿son seres humanos estos?”. Y la respuesta que se dio fue: “sí, son animales racionales... pero se han vuelto bestiales por sus costumbres”. Y de cierto modo, esta respuesta se ha mantenido hasta hoy, al ser tratados como seres humanos de segunda clase, ya que la definición última del “Sur” para los países de Europa y USA, equivale a mundo “colonial”, para constituirnos en la “colonialidad del ser” como lo categoriza Nelson Maldonado, joven filósofo latino que vive en USA.

Y es en esta época de modernidad temprana donde se estudia el anti-discurso de la modernidad, a través de la cruzada por la liberación y el bienestar de los indígenas sostenida por Fray Bartolomé de Las Casas, y también el aporte de Guamán Poma de Ayala con la crítica de los oprimidos ante el dominador extranjero. A la vez se tratan temas de filosofía académica, como los aportes a la Lógica del autor colonial Lunarejo, la filosofía del Barroco como el gran momento cultural de América Latina, y los logros de la filosofía en las Antillas Mayores y Brasil. Después, se trabaja el pensar filosófico en la etapa de la modernidad madura (previo a los procesos de independencia), con el tema de la Ilustración, para pasar a la filosofía de la emancipación, y cerrar con el pensamiento más conservador en las formas de romanticismo, liberalismo, krausismo, y positivismo.

Concluida la sección histórica se presentan tres apartados más, que versan sobre las corrientes filosóficas de América Latina en el siglo XX, una selección de grandes temas filosóficos, y por último trescientas fichas biográficas de autores filosóficos de la región.

Se está proyectando la realización de un segundo tomo que buscará un análisis del tema por países, además de la confección de un DVD con doscientos clásicos del pensamiento latinoamericano. Es decir, que entre los dos tomos y el DVD habrá un “corpus” de pensamiento filosófico latinoamericano que abre inmensas posibilidades de interpretación.

La conferencia del doctor Enrique Dussel arrancó entusiastas aplausos de la concurrencia y fue completada a su vez por el consistente comentario del Dr. Edgar Montiel, representante de la UNESCO para Guatemala, que destacó las novedades provocadoras de esta iniciativa bibliográfica y la renovación que implica para la investigación filosófica de vanguardia. Entre los puntos destacados dio crucial importancia al tema de la modernidad, donde gracias al aporte americano en conceptos como “soberanía popular”, “derecho natural”, “independencia”, “orden republicano”, vemos cómo nuestra colaboración fue clave para el avance filosófico que se consagró en el siglo XVIII. Esta producción intelectual no ha concluido, sino que siguen vigente con la ya mencionada reflexión filosófica de latinos en USA, las innovaciones para el desarrollo humano incentivadas por la propuesta del “Sumak Kawsay” (“el Buen Vivir”) en América del Sur, y una serie de proyectos de alternancia autónoma de la región a nivel social, económico y político.

Con esto concluyó la referida ponencia, dejando en los que tuvimos el gusto de presenciarla, la sensación de estar ante el momento inicial de una nueva época para la reflexión filosófica regional y mundial. Seguramente así se podrá concebir en la medida que la iniciativa vaya tomando cuerpo, e impacte la academia latinoamericana con un hálito de energía y esperanza renovada para pensar-nos y considerar-nos como regentes y gerentes de nuestra propia originalidad filosófica.

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