Opinión

Energía, trabajo y desarrollo nacional

La energía se define en la práctica como la capacidad de ejercer trabajo. El producto generado por las personas, empresas o país, siempre es proporcional a la energía neta disponible a sus sistemas y procesos. Cuando el trabajo es productivo, se genera competitividad y, como corolario deseado, se posibilita el desarrollo económico y social. Honduras es un país deficitario en energía, apenas cuenta con la suficiente para mantener un crecimiento económico lento en el mejor de los casos.

El manejo actual de la energía resulta en un alto desperdicio, casi en cada actividad imaginable de la vida nacional, desde la destrucción de los bosques con la pérdida del agua hasta los conocidos embotellamientos en las desordenadas ciudades nuestras. Aunque el esfuerzo nacional se orienta a generar más energía eléctrica renovable, la construcción de nuevas centrales no alcanza a cubrir el crecimiento normal de la demanda, menos a incluir las poblaciones carentes del servicio, que son mayormente rurales y, aún menos, lograr atraer y sostener inversiones mayores al país. Esto se lograría disponiendo de mucha más energía que la actual o en desarrollo, pues como estado hemos transitado más por el derroche y la negligencia en su generación. Continuar simplemente comprándola, no importa la fuente, solo mantiene la exclusión de poblaciones aisladas más vulnerables, frena nuestro desarrollo y perpetúa la dependencia y el riesgo del país.

Los combustibles derivados del petróleo serán indispensables en la vida diaria por muchas décadas. Los precios son fijados por los países productores, grandes transnacionales y el mercado internacional, con las consabidas especulaciones y sobresaltos económicos. Sin embargo, aunque cargamos una factura significativa y creciente por las importaciones, somos el único país centroamericano sin producción importante de combustibles. El bioetanol carburante es producido y exportado por los países vecinos y más notablemente Guatemala desde hace décadas. Costa Rica lo produce y utiliza exitosamente mezclado en sus gasolinas hasta un 7% (E7) bajo mandato nacional más reciente. Colombia alcanza ya su meta de 10% de mezcla (E10) y aspira a lograr 30% (E30) en años por venir. En tanto, Brasil se convirtió en un líder mundial en su producción y usa este biocombustible en cualquier proporción en su enorme parque vehicular, con una extensa red agroindustrial e industria automotriz de gran escala establecida en los últimos 40 años.

La energía renovable se diferencia por fuente, ubicación, sistemas y procesos, que son usualmente de altas inversiones con alto contenido tecnológico, estructural y del conocimiento. Las biomasas naturales y de cultivos agroforestales, por ejemplo, son fuentes consistentes de energía convertible a biocombustibles y electricidad día, noche y estacionalmente. Además, son capaces de generar empleo masivo y permanente antes, durante y después de instalar las centrales eléctricas. No está de más subrayar, por tanto, que estos sistemas son diferentes en cualidades, costos y beneficios a otras fuentes renovables conocidas. Las fuentes de biomasa son igualmente variadas y, por ende, sujetas de análisis específicos para establecer sus beneficios y costos económicos, sociales y ambientales particulares.

Honduras cuenta con los recursos naturales y humanos para desarrollar industrias modernas de combustibles y energía eléctrica con cultivos agrícolas y forestales. Además de su potencial para generar empleo e ingresos permanentes, hace factibles los planes de manejo y elevar la productividad y conservación de nuestros bosques. La facturación de la ENEE por compra de energía se reduce, igual que los ajustes por combustibles, con ahorro de divisas por substituir energía térmica equivalente comprada a precios mayores. En los combustibles se mejora la calidad octano de las gasolinas con reducción de la contaminación, prolongación de la vida de los motores y eventualmente los costos al consumidor.

En el mundo de la energía nada es gratis. Junto a la inversión en planteles industriales, la provisión consistente de la biomasa en volumen, calidad y costo razonable es determinante para el éxito de las empresas. El marco legal adecuado es condición indispensable para estas industrias. Mientras Brasil tomó la decisión inicial de mezclar bioetanol de caña de azúcar en sus gasolinas en 1931, nuestro país todavía espera en 2013 la reforma a la ley vigente que permite la apertura del mercado e incentiva la inversión en estas industrias. No son caminos ignotos y Honduras no merece ser la excepción.

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