El gobierno del presidente Lobo no solo está incumpliendo las promesas y las expectativas creadas en materia de seguridad, de salud, educación y lucha contra la pobreza y la desigualdad, también lo está haciendo en un tema clave incluso para solventar todas las deficiencias antes mencionadas y, por lo tanto, para sacar al país del atolladero en que se encuentra: impulsar el crecimiento económico del país.
De hecho, en una actitud propia del desaforado ambicioso de la fábula que tenía “una gallina que cada día ponía un huevo de oro, y creyendo encontrar en las entrañas de la gallina una gran masa de oro, la mató”, el gobierno hondureño, desesperado por cubrir sus desordenados y crecientes gastos, y satisfacer al clientelismo político y el populismo, parece dispuesto más bien a asfixiar a la iniciativa privada: la única que genera riqueza.
Y es que a la falta de incentivos para incrementar cuantitativa y cualitativa la producción y la economía nacional en general, se suma el extremo facilismo con que el gobierno acude a los “paquetazos”, disfrazados de nombres rimbombantes, para cubrir sus excesos y desórdenes. Prometió que no habría “paquetazos”, pero ya ha aplicado cinco.
Pero eso no es todo. Después de que la férrea oposición, momentáneamente, detuvo el sexto, el Poder Ejecutivo no se ha resignado del todo y sigue como una espada de Damocles sobre el bolsillo de los hondureños.
Se ha llegado al colmo de que la Corte Suprema de Justicia impidió, por inconstitucional, la aplicación retroactiva de la reforma al Impuesto sobre la Renta, para aplicar un 1% al ingreso bruto de las empresas que reportaran pérdidas durante varios años consecutivos.
Pero hace dos semanas, el secretario de Finanzas ha presentado de nuevo el proyecto de reforma al Congreso Nacional con los mismos vicios y hasta con otros más, ya que hasta se pretende cobrar a empresas que ni siquiera reporten ingresos con base en los gastos que realicen.
Con esta actitud gubernamental, más la de por lo menos un dirigente empresarial, que insta a su gremio a llevarse sus capitales para invertirlos en la Nicaragua sandinista, en vez de salir de la crisis Honduras seguirá hundiéndose más ya que la quiebra, el cierre, el traslado a otro país de más empresas, significará, en primer lugar, menos impuestos para el mismo Estado y más pobreza y desempleo para todos.