Opinión

El Mundial y las expectativas

La mayoría de los hondureños encontramos una vía de escape en el futbol y en la Selección Nacional, por lo que la actuación de nuestra representación en el campeonato mundial nos tiene insatisfechos y emitiendo severas críticas contra dirigentes y los mismos seleccionados. De las 4 selecciones de la Concacaf, Estados Unidos, México y Costa Rica pasaron a la siguiente ronda y para sorpresa mundial, la selección de Costa Rica ha clasificado a los cuartos de final, lo que significa que para orgullo de los centroamericanos, quedará (por lo menos) entre las mejores ocho selecciones del mundo.

En el caso de Honduras, aunque podemos decir que fue un logro haber clasificado entre las 32 naciones participantes en este evento; al final quedaremos en el penúltimo lugar, solo superados por Camerún, por diferencia de goles y sin lograr un punto. Los hondureños nos extrañamos que a pesar de haber tenido una participación muy aceptable en la eliminatoria, ya en el mundial como que nuestros jugadores se sienten inferiores y juegan con complejos. Los expertos ahora aducen que necesitamos trabajar en el desarrollo de los niños, en mejorar la infraestructura y proveer mejor nivel de educación y competitividad en nuestros atletas.

Cuando analizamos las causas detrás de la reacción de los fanáticos hondureños, en nuestra opinión todo radica en las expectativas que fueron creadas antes de concurrir al evento, las cuales fomentaron un nivel de optimismo generalizado de que llegaríamos al cuarto partido. Estas expectativas fueron alimentadas por dirigentes, entrenadores y hasta por el mismo gobierno que aprovechó para lanzar una campaña mediática utilizando varios de nuestros seleccionados. El problema con las expectativas es que por muy buenas que sean, si no están adecuadamente fundamentadas, la realidad se impondrá más temprano que tarde.

Lo anterior también tiene que ver con las declaraciones muy optimistas que escuchamos con frecuencia de parte de las actuales autoridades relacionadas con los avances en el combate a la delincuencia, las inversiones en ejecución, la mejoría en el accionar del gobierno, la creación de empleo, etc. Creemos que este espíritu optimista en estos momentos es importante para que los hondureños podamos recobrar la fe y el entusiasmo, pero obviamente tiene que ser acompañado por acciones concretas que poco a poco vayan transformando en realidades las expectativas creadas.

Debemos reconocer que este gobierno ha encontrado una situación compleja en varios campos, donde resaltan el déficit fiscal, la inseguridad, el lento crecimiento económico, la falta de empleo y la corrupción. Estos representan retos enormes que solo pueden resolverse en el mediano plazo, para lo cual hay que definir y socializar una estrategia y un plan de acción que nos encamine hacia las diferentes soluciones. El primer paso es crear el ambiente adecuado para el crecimiento económico sostenido, ya que un país que no crece no tiene posibilidades de resolver otros problemas. El crecimiento económico necesita mayor inversión que a su vez genera fuentes de empleos productivos y le proporciona mayores ingresos al Estado por la mayor actividad económica y no por el estrangulamiento de los sectores productivos.

El déficit fiscal del año pasado fue 7.8%, uno de los más altos de los últimos 20 años y los altos déficit de los últimos 8 años nos han conducido hacia un endeudamiento acelerado, el cual es insostenible. No se puede pensar que un país se podrá seguir endeudando indefinidamente sin sufrir las consecuencias. Para el caso, aprendamos de Argentina, donde en el año 2001 se tomaron las medidas conocidas como el Corralito y el Corralón, con grandes perjuicios para la economía y los ciudadanos o más recientemente el caso de Grecia.

En el comunicado del directorio del FMI se hace referencia a que ante los déficit fiscales previstos los coeficientes de deuda continuarán creciendo y que hay margen para racionalizar el gasto público para crear espacio para mayor gasto social. Igualmente hicieron énfasis en la importancia de las reformas estructurales para reforzar el clima de negocios, fortalecer las instituciones y mejorar la infraestructura y el capital humano. Agregaría que es imprescindible fortalecer el imperio de la ley para lograr no solo la reducción de la criminalidad sino que también la corrupción y la impunidad, que son azotes tanto o más dañinos para las mayorías pobres del país.