Opinión

Educación y la crisis del Central

El ministro de Educación, Marlon Escoto, libra otra batalla contra la perniciosa dirigencia magisterial, esta vez en el Instituto Central Vicente Cáceres, convertido en un nido del activismo de un funcionario que aspira a un cargo de elección popular.

En medio de la confrontación que tuvo un punto culminante con la negativa de las autoridades del Central para que ese instituto participara en el desfile oficial del 15 de septiembre, el ministro ha separado al profesor Roberto Ordóñez, alegando reiteradas faltas.

La cuestión es que el funcionario, acostumbrado al bochinche, al relajo, con el apoyo de algunos maestros, padres de familia y estudiantes, está volviendo ingobernable el principal centro educativo del país, ya que insiste en que su destitución es ilegal y que solo se trata de una venganza personal del ministro Escoto por su desobediencia a las órdenes emitidas por la Secretaría de Educación.

Si el hombre fue destituido y no se cumplieron los pasos legales pues tiene las puertas abiertas en los tribunales para que haga los reclamos correspondientes, pero debe dejar que las clases y la normalidad vuelvan al Instituto Central.

Aunque ya ni se mencionan las acciones de adecentamiento al interior de la Secretaría de Educación ni se sabe de medidas concretas para evitar que los políticos sigan manoseando las plazas en Educación y fundando colegios sin sus respectivos presupuestos, el Ministro Escoto sí puede exhibir algo que ninguno de sus predecesores hizo: poner en cintura a la dirigencia magisterial. Cumplir con los 200 días de clase, según las autoridades educativas, es un fruto de esta nueva y plausible actitud.

Queda pendiente, sin embargo, el total saneamiento de la administración del sistema público de educación, comenzando por cortar de una vez por todas los pagos a personas que no realizan trabajo docente y cobran como tales, el mejoramiento y construcción de más y mejores edificaciones escolares, el suministro de mobiliario y material didáctico y ponerle fin a la unidocencia. De verdad que algunos centros escolares están en pésimas condiciones. Y, además, se debe actualizar el currículo en los diferentes niveles para que esté más acordes al desarrollo técnico-científico actual y a las necesidades del país.

Por lo pronto, esperemos que la confrontación entre el ministro Escoto y el director del Instituto Central acabe pronto y que al final se imponga la ley, la justicia, y que ni los alumnos ni los padres de familia resulten perjudicados por la misma.