El impacto debido a las quemaduras causadas por la pólvora en Honduras sigue siendo alto para las familias que ven a uno o más miembros de su núcleo afectados por quemaduras y el incremento de las demandas de atención médica por esta causa.
Las autoridades sanitarias reportan que este año al menos 15 personas de entre cero y 18 años han sido atendidos en diferentes centros asistenciales del país y que la gravedad de los casos es diversa, pero que algunos perderán uno o más de sus dedos, e incluso, verán reducida su capacidad visual.
Los costos del tratamiento por esta causa son altamente costosos para el sistema sanitario, principalmente en aquellos casos que por la intensidad de las quemaduras pueden requerir tratamientos a largo plazo, incluida la rehabilitación física y psicológica.
Es de hacer notar que los casos registrados hasta la Navidad de este año son superiores a los de todo el año pasado, lo que significa la poca efectividad de los constantes llamados a la prevención que se hacen en ocasión de las festividades de fin de año y la urgencia de implementar campañas sostenidas en el tiempo para tratar de reducir la incidencia.
La importancia de la prevención y la educación sobre el uso seguro de cualquier tipo de pólvora debe ser prioridad, haciendo hincapié en la responsabilidad que los adultos tenemos en preservar la salud de los más pequeños.
El país cuenta con leyes que regulan el uso de estos artefactos y también que imponen castigos a los responsables de comercializarlos y no cuidar que los más indefensos los usen de manera indiscriminada.
El reto es grande.
Hay que seguir trabajando para evitar que más hondureños y hondureñas inicien su vida con la mutilación de uno o más de sus órganos y las consecuentes afecciones sicológicas que generan en los pacientes este tipo de lesiones.