Editorial

En medio de la emergencia por dengue que afecta al país, lo menos que se merecen las personas que están padeciendo la enfermedad es un trato digno por parte del personal médico y de los hospitales y/o centros de salud a los que llegan en busca de atención médica.

No hay duda que todos tenemos un grado de responsabilidad en el repunte de la epidemia, pero la responsabilidad mayor es del Estado, que estaba obligado a mantener una vigilancia permanente de la enfermedad.

Pero, contrario a ello, en los meses anteriores se desmontaron los equipos preventivos de la Secretaría de Salud y los pocos (o nuevos) empleados que quedaron en la unidad se relajaron, y la epidemia nos reventó a todos en la cara. Pero todas esas situaciones deben -al menos por hoy- quedar en el pasado y unir esfuerzos para atender a los enfermos con la dignidad que se merecen, y eso pasa por poner a disposición de los pacientes todas las salas de atención que se han anunciado a través de los medios de comunicación, la contratación de personal extraordinario, e implementar medidas para agilizar su atención cuando lleguen en busca de esa atención.

También asegurarse que se cuenta con el medicamento necesario.

Son medidas que deben aplicarse rigurosamente en Tegucigalpa y en el resto del país, desde donde se han alzado voces de autoridades locales clamando por acetaminofén, uno de los medicamentos requeridos para el tratamiento de la enfermedad que ya se cobró la vida de casi 60 personas e infectado a otras 5,000.

No debe permitirse más niños, niñas, jóvenes y adultos tirados en los pasillos de los hospitales o en las calles a la intemperie, esperando un turno para ser atendidos.

Es obligación estatal montar la estructura requerida para dar el trato digno que se merecen los pacientes aún en medio de las dificultades que enfrenta el sistema sanitario y, a la par, los ciudadanos, coadyuvar con las medidas para erradicar de sus hogares el mosquito transmisor de la enfermedad.