Editorial

¿Qué esperamos del mañana?

Pregunta valedera ahora que conmemoramos el Bicentenario emancipador, igualmente estas interrogantes: ¿Qué rumbo lleva nuestra nación? ¿Hemos aprendido del pasado y el presente?

La actual coyuntura se caracteriza, en lo sanitario, social, económico, político, por la incertidumbre, sin que seamos capaces de alcanzar consensos mínimos que posibiliten enderezar el peligroso curso por el que navega el país y el Estado.

Hemos transitado dos siglos de independencia en creciente debilitamiento, caracterizados, como tendencia, por una creciente exclusión, desigualdad, pobreza, violencia, fragilidad institucional, degradación ambiental, autoritarismo, manipulación electoral, promesas incumplidas, corrupción e impunidad, ausencia de equilibrios entre el Ejecutivo, Legislativo, Judicial, narcotráfico, irrespeto y violación a la Constitución, secretividad oficial, ausencia en el rendimiento de cuentas, falta de transparencia.

Esta incompleta enumeración de males estructurales desgarran el tejido social, la convivencia pacífica, la gobernabilidad, siendo un intento de diagnóstico de la gravedad de las actuales condiciones que agobian al pueblo.

¿Estarán compenetrados los partidos políticos y sus respectivos candidatos a cargos de elección popular de la severidad y profundidad de la actual crisis? ¿Se percatan de la cada vez mayor ausencia de confianza por parte de la ciudadanía traducida en un elevado porcentaje de abstencionismo electoral?

Las honestas respuestas a estas interrogantes, más allá de la demagogia, deben ser respondidas de manera franca, sin evasiones ni subterfugios si realmente desean rescatar y revitalizar a la Patria cuando el margen de tiempo se agota inexorablemente.

Si continua prevaleciendo la ambición por alcanzar el poder de cualquier manera y sin tener los requisitos mínimos intelectuales y éticos para lograrlo, estarán contribuyendo poderosamente al agravamiento del hoy y del mañana.