Sí se resume el reciente mensaje papal, completamente aplicable a nuestra actual dramática coyuntura, que evoca lo ocurrido a finales de octubre de 1998 con el paso del huracán Mitch. Aquel desastre natural puso a prueba nuestra capacidad de superarla. Hoy, debemos aprender de los aciertos y errores cometidos en aquella trágica ocasión, que debe servirnos de aprendizaje, traumático pero aleccionador. Se requiere revestirnos de disciplina, paciencia, esfuerzos sostenidos, espíritu de sacrificio, vocación de servicio, descartando el derrotismo, fatalismo, frustración, sin abandonar la certeza de un mañana mejor, la convicción de que vendrán tiempos mejores, con salud para todos y todas, con honestidad, moralidad, transparencia. La reconstrucción es y seguirá siendo por largo tiempo un proceso arduo, dilatado, difícil, sumamente costoso, que requiere la participación masiva de civiles, uniformados, laicos, religiosos, intelectuales, obreros, campesinos, de quienes residen dentro y fuera de las fronteras patrias, sin excepción. Se trata de un desafío colosal que requiere de la sumatoria de esfuerzos, voluntades, talentos, energías colectivas, sin dispersar iniciativas, recursos. Hacemos frente a una compleja combinación de retos múltiples: sanitarios, físicos, éticos. La planificación y coordinación deben reemplazar, de una vez y para siempre, la improvisación, politización, sectarismo, divisionismo, manipulación, secretividad y exclusión. En la línea frontal debemos estar aquellos y aquellas sensibles ante el dolor ajeno, lo que conlleva medidas prácticas: repatriación de capitales hoy depositados en paraísos fiscales; reducción de salarios, viáticos y comisiones de altos funcionarios del Poder Ejecutivo y Judicial, al igual que de los diputados; reorientación y racionalización del Presupuesto Nacional. En pos de tales propósitos nadie sobra: todas y todos contamos, cada quien en su esfera de competencia, al unísono. De no actuar en tal sentido, presenciaremos un mayor deterioro de la actual lamentable condición en que estamos inmersos.