Editorial

La importancia de Washington

Ser embajador de Honduras en Estados Unidos es una de las mayores aspiraciones en el ambiente diplomático nacional. Washington, la capital, no solo es sede del gobierno estadounidense, sino el centro del poder mundial, donde se hallan organismos como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización de Estados Americanos, entre otros.

Tiene mucho de entendible entonces que el sueño de nuestros funcionarios diplomáticos sea representar a su país ante el pueblo y gobierno de Estados Unidos, la primera potencia mundial, donde se toman decisiones que afectan a ciudades y naciones de todo el mundo. Y Honduras por supuesto no es la excepción. Entonces, es crucial y fundamental que quienes estén al frente de la representación diplomática más importante del país respondan a las expectativas del Estado de Honduras y sus habitantes.

Que gestionen la defensa de los intereses nacionales, la búsqueda de fondos de cooperación y cimienten una imagen positiva del país para atraer inversión. Por lo tanto, el embajador de Honduras en Estados Unidos debe responder a una estrategia que apuntale varios aspectos, desde derechos humanos, inversión y seguridad, hasta cultura, ciencia, tecnología y educación.

El primer “lobbista” o cabildero debe ser el embajador, capaz de influenciar a favor de los intereses que representa, es decir, los de su país. En ese sentido, y tomando como punto de partida la reciente renuncia del canciller, pudiéramos reflexionar y hasta cuestionarnos si eso en realidad está pasando con nuestra representación diplomática en Washington.

Si nuestros delegados están a la altura de esos requisitos que debe llenar un diplomático en el país donde reside la mayoría de nuestros emigrantes, quienes con sus remesas dan un aporte invaluable a nuestra economía, y con el que está en marcha el Plan Alianza para la Prosperidad.

Entonces, claro está, que cualquier hondureño que ocupe esa representación debe tener no solo la dimensión de lo que se enfrenta sino que el coraje, el empuje y la visión. No en vano, ahora que hay relevo en la Cancillería, es tiempo de examinar si ese rol se está cumpliendo.