La pandemia le está arrebatando la salud y la vida a miles de hondureños, pero también el futuro a millones de jóvenes que se están quedando sin trabajo y sin oportunidades de estudio. El panorama para este importante segmento de la población es desolador.
Estudios interrumpidos, empleos destruidos, perspectivas de carrera aplazados son solo tres de los problemas a los que se enfrenta la juventud, según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hecho público ayer en el marco de las celebraciones del Día Internacional de la Juventud.
El documento establece, además, que la pandemia ha tenido sobre jóvenes de 18 a 29 años “un impacto sistemático, profundo y desproporcionado” que “exacerbó las desigualdades a riesgo de debilitar el potencial productivo de toda una generación”.
Dice la OIT que el 73% de los jóvenes que estudian o combinan el estudio con el trabajo han sido duramente afectados por el cierre de las escuelas, las universidades y los centros de formación.
Tal y como se ha evidenciado en Honduras tras el cierre de los centros de enseñanza, miles de ellos se quedaron sin acceso a esos servicios. La amplia brecha digital les pasó factura.
Según los hallazgos de la OIT, en países pobres como el nuestro solo el 18% de los matriculados pudieron continuar sus clases en línea y algo mucho más revelador relacionado con la calidad de la educación que han estado recibiendo: “Entre los que pudieron seguir su educación a distancia hay la sensación de que aprendieron menos”.
Esa es tristemente la realidad de los jóvenes hondureños que hoy están en sus casas recibiendo escasos contenidos educativos a través de las redes de mensajería disponibles y clases a través de la televisión a la que tampoco tienen acceso porque las economías de sus hogares no alcanzan para pagar el servicio eléctrico.
Esta es la crítica situación a la que se enfrenta “el futuro de Honduras”, a ellos la pandemia los está dejando mucho más vulnerables que antes y a ellos se debe proteger con urgencia.