La vida de miles de personas que viven en zonas vulnerables está en riesgo en estos momentos. Las lluvias que deja a su paso por la región centroamericana el huracán Iota son abundantes y ya causan desbordamiento de ríos y cortes de carreteras, entre otros problemas, y han obligado a que miles de personas hayan tenido que evacuar sus viviendas para refugiarse en albergues o en la vía pública a esperar que pase la tormenta.
La situación sanitaria de estas personas es precaria pues no solo están expuestos al contagio del virus del covid-19, que sigue circulando libremente por el territorio nacional, sino a otras patologías propias y comunes tras el paso de fenómenos naturales de alto impacto como los que han golpeado al país en los últimos 15 días.
Desgraciadamente en esta ocasión, los departamentos que están siendo fuertemente golpeados por la naturaleza son los mismos que concentran el mayor número de casos de covid-19 a nivel nacional, entre ellos Cortés, Francisco Morazán, Atlántida, Yoro, El Paraíso, Colón y Olancho.
Eso demanda que las estrategias de atención de la Secretaría de Salud se redefinan con urgencia para atender a la población que quedará en completa vulnerabilidad no solo frente al covid-19, sino también a otras patologías como las infecciones gastrointestinales, la diarrea, el cólera, la salmonelosis, la fiebre tifoidea, la hepatitis A, la malaria, la conjuntivitis, la sarna y la dermatitis, más las lesiones que son comunes durante la evacuación o las actividades de limpieza causadas por vidrios, clavos o descargas eléctricas.
No hay que dejar pasar el tiempo para enviar a los albergues y a las poblaciones en riesgo brigadas epidemiológicas integrales donde se brinde atención médica y se entreguen medicamentos a los damnificados, y se mantengan vigentes las medidas de seguimiento y prevención de la pandemia del covid-19.
Pero la responsabilidad no solo es de la población, lo es también de las autoridades sanitarias que deben disponer de mascarillas y gel desinfectante en los albergues.