La actual crisis sanitaria, social y económica obliga tanto a asalariados y patronos a diseñar nuevas estrategias, mutuamente benéficas, que dejen atrás las confrontaciones para reemplazarlas por otras, aceptables para ambas partes: trabajo y capital.
Uno y otro enfrentan la creciente profundización de la crisis y la casi total paralización de actividades productivas, lo que ocasiona pérdidas considerables a ambos y, consiguientemente, a la nación, en sus ingresos presentes y futuros.
Consecuentemente, urge la pronta reactivación del aparato productivo al igual que la conservación del mayor número de empleos.
La economía requiere recuperar la producción, distribución y consumo a los niveles previos a la pandemia para eventualmente superarlas.
A medida los asalariados se reincorporen a sus centros laborales requieren ser dotados con medidas y artículos protectores de su salud, evitando así contagios masivos, lo que, de ocurrir, significaría un catastrófico retroceso sanitario.
El representante del BID en Honduras ha declarado la imperiosa necesidad de “políticas que permitan mantener en la medida de lo posible los empleos y las empresas, lo que facilitará, una vez pase la emergencia, una recuperación más pronta y menos costosa al reducir el costo de realizar nuevas contrataciones y evitar la pérdida de capital humano y destrucción de capital”.
Trabajadores y patronos deben actuar con recíproca solidaridad laboral, en diversos aspectos, incluyendo elevar las habilidades y destrezas de la fuerza laboral, lo que beneficiará a las partes y a la economía. Así, este Primero de Mayo, como los subsiguientes, deben abrir capítulos inéditos en las relaciones obrero-patronales.
La armonía y colaboración deben reemplazar al estéril enfrentamiento y a las tensiones, perjudiciales para unos y otros.