Alberto Membreño (1859-1921) fue el compatriota pionero en incursionar en el campo de la lingüística con sus obras “Hondureñismos. Vocabulario de los provincialismos de Honduras” (1895), “Nombres geográficos indígenas de la República de Honduras” (1901) y “Aztequismos de Honduras” (1907).
A partir de él, otros investigadores han continuado la recopilación, investigación y difusión tanto del Español hablado en nuestro país -incluyendo sus variantes regionales- como de las lenguas autóctonas en uso por diversos grupos étnicos.
Hoy, la Academia Hondureña de la Lengua ha publicado dos libros importantes, ambos escritos por académicos pertenecientes a esa docta institución cultural.
El primero se debe al maestro Carlos R. Cortés (QEPD), con el título “Diccionario de hondureñismos”.
Nos advierte su autor respecto a su contenido: “Extrañas resultarán ciertas palabras para aquellas personas que nos lean, ya que muchas de ellas se circunscriben a espacios geográficos pequeños: son los localismos; otros tienen un ámbito mayor: son los regionalismos y los términos que tienen dimensión más amplia, que abarcan el territorio nacional.”
El segundo fue coordinado por el médico Víctor Manuel Ramos e intitulado “Diccionario de las lenguas de Honduras”, editado con el apoyo financiero del Centro Cultural de España en Tegucigalpa, eficiente y entusiastamente presidido por Álvaro Ortega, que ha logrado convertirlo en punto focal difusor de actividades culturales diversas en que participan, por igual, jóvenes y adultos, y por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, la cual se ha proyectado de múltiples maneras en el progreso material e inmaterial de nuestra nación.
Este diccionario es un pionero trabajo colectivo en el que participaron, además del editor, los siguientes traductores: Manuel de Jesús Nájera para los vocablos chortí; Justa Aurelia Suazo para el garífuna; Bryan Oniel Kelly Welcome para el inglés isleño; Cleofina Maxuel Navas para el misquito; Rosalio Duarte para el pech; Inés Ordóñez Salinas para el tawahka y Santos Marcela Licona para el tolupán. En total, ocho lenguas, incluyendo el español.
Contiene un listado de 4,500 vocablos; Ramos aclara: “En este primer intento las palabras se tradujeron interpretando un solo significado para cada una; posteriores revisiones permitirán ampliar el número de entradas y la traducción de sus diversas acepciones... las traducciones de las lenguas se colocan en orden alfabético y cada lengua se identifica con la primera letra de su nombre...”.
Contiene hermosas ilustraciones a colores diseñadas por Mónica Andino.
Ambos textos merecen ser reeditados para que alcancen una mayor cobertura en centros educativos y en bibliotecas.
Aprovecho para felicitar estos dos esfuerzos que fortalecen nuestras debilitadas identidades culturales y para, además, reconocer la valiosa labor lingüística llevada a cabo durante años por Atanasio Herranz, Ramón Hernández Torres, Salvador Suazo y los investigadores adscritos a los departamentos de Letras y Lenguas de la UNAH, UPNFM y Secretaría de Educación Pública.