El Comité Central del Partido Comunista Chino recién ha concluido el III Plenario en el que se aprobó las grandes líneas del rumbo que seguirá la segunda potencia económica mundial.
Bajo la dirección del Presidente Xi Jinping, Secretario General del Partido y comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, se aprobaron reformas que le otorgan al mercado “un papel decisivo”.
Pero, simultáneamente, confirma que “lo más importante es mantener la autoridad del Partido”, el cual mantiene un férreo monopolio del poder, impidiendo que las aspiraciones hacia un sistema multipartidista puedan concretarse y que el sistema se torne pluralista, abierto y receptivo a distintas ideologías.
Así, si de un lado se otorga mayor participación al capital y la inversión privada, nacional y extranjera, para que compita con el capital estatal, en un modelo de economía mixta; por el otro se impide la emergencia de alternativas heterodoxas.
El régimen chino enfrenta múltiples desafíos, tan colosales como el tamaño de su población, de carácter interno y externo. Entre los primeros debe mencionarse la ingeniería social que está desplazando a millones de campesinos hacia ciudades, expropiando sus lotes y transformando su milenario estilo de vida y cosmovisión agraria hacia una mentalidad urbana.
La corrupción generalizada entre altos funcionarios del régimen y del Partido crea una nueva clase de privilegiados y genera comprensibles resentimientos entre sus compatriotas.
Su debilitamiento es una de las agendas prioritarias de Xi, lo que lo enfrentará a la burocracia acostumbrada a privilegios e inmunidades durante décadas.
La contaminación del aire y de las aguas conlleva un riesgo sanitario para millones de seres expuestos a enfermedades respiratorias, visuales y digestivas, incrementadas por el generalizado tabaquismo entre la población.
El avance de la desertificación significa una reducción en las áreas de suelos agrícolas, que representan un porcentaje reducido del total territorial.
Las aspiraciones separatistas de tibetanos en el suroeste, de religión budista, y de uigures musulmanes en el noroeste, los enfrentan tanto al poder central como a la etnia Ham, mayoritaria.
El modelo económico basado en el crecimiento hacia afuera –vía exportaciones–, no es suficiente para mantener los niveles de alto crecimiento, por lo que se requiere un incremento en el consumo interno. El sistema crediticio, que prioriza a las empresas públicas en demérito de los ahorra-habientes, puede desembocar en un colapso financiero con una burbuja inmobiliaria como detonante.
Las disputas insulares con sus vecinos: Japón, Filipinas, Vietnam, así como la hegemonía comercial y militar con Estados Unidos en el Pacifico y más allá, constituyen dos potenciales puntos conflictivos en las relaciones internacionales continentales y mundiales.
Así, el régimen chino se encuentra ante un precario equilibrio entre dos fuerzas antagónicas: el monopolio partidario, de un lado, y el mercado avasallador, de otro. ¿Por cuánto tiempo más logrará conciliarlas?