Opinión

Degradados y fallidos

Según los expertos, el paso anterior a declarar un Estado fallido es su categorización como país degradado. Ello significa que en la previa fase todavía es posible lograr cambios y medidas de remedio, mayormente drásticas.

El instante en que una nación ingresa a la escala de fallida es cuando, sencillamente, ya nada funciona: la autoridad gubernamental es desobedecida o bien solo ejerce jurisdicción en fracciones de su territorio; es irreversible el deterioro económico, que lleva como consecuencia a elevados índices de pobreza y miseria y por ende a alto desempleo, economía informal prevalente, corrupción endémica y por corolario la búsqueda por la gente de formas de sobrevivir mediante modos contrarios a la ley, lo que genera esparcida y violenta delincuencia.

Si a ello se agrega la presencia dominante de fuerzas extranjeras (en su sentido político, no demográfico) que sustituyen en zonas espaciadas a la autoridad instituida (bandas delincuenciales, de narcotráfico, policías y militares internacionales, otros), los pronósticos para ese conglomerado son tristemente alarmantes.

Sin adelantar juicio sobre la coyuntura hondureña del momento, y empleando sencillas búsquedas, uno se pregunta por la calidad premonitoria de ciertos signos ya “normales” entre nosotros, como por ejemplo: ¿qué clase de Estado es este donde permanentemente carecen de medicinas los hospitales, donde los sistemas de salud, además de no ser generalizados sino elitistas, pecan por baja calidad médica y ética; donde año tras año el Estado es incapaz para proveer a sus ciudadanos el más elemental documento de identificación, la cédula de identidad, por no decir la placa de registro de sus automotores?

Donde el básico derecho a un pasaporte –que El Salvador entrega al peticionario en 45 minutos– demanda en Honduras semanas y sobornos. Donde las carreteras, como la de Occidente y a la costa del Pacífico, desafían con su deterioro el libre tránsito y la movilización, haciendo riesgo mortal circularlas, o donde el sistema penitenciario es uno de los más corruptos y dantescos del mundo?...

¿Y qué decir de la abulia social ante obvios y definidos casos de violación a la ley, hechos en que el sistema superior de justicia engaveta expedientes, sentencia sin equidad, distorsiona lo legal, destruye o falsea evidencias, es tardo y lento cuando conviene a sus favoritos, expedito contra sus enemigos, y del cual ya nadie duda es nido de prevaricato y lenidad? País con escuelas derruidas, a las que asisten infantes con hambre.

O el espectáculo público, más bien de descaro, cuando diputados al Congreso reciben y se embolsan subsidios supuestamente destinados a las comunidades, sin fiscalización alguna o con fiscalías cómplices? ¿Y los funcionarios públicos que emplean y utilizan el presupuesto oficial asignado para contratar publicidad personal, suscribir bajo su nombre de individuos acciones oficiales del Estado, y donde con absoluta impunidad se roba lo ajeno, a la vista y silencio de todos? ¿Puede llamarse a eso un Estado democrático, moderno y, ante todo, “humanista cristiano”…? ¿De cuál cristiandad se trata, de los Papas pecadores o de Jesús de Nazaret?

¿Y qué puede esperarse de una generación política que entrega a ajenos intereses la planificación y conducción del Estado, que acepta condicionamientos externos en política interior y exterior y que insiste, a pesar del histórico fracaso ya probado, en implantar en Honduras un neoliberalismo torpe que apunta a desmembrar la república, hipotecar sus bienes y repartir sus recursos? ¿Se evaporaron los principios nobles de soberanía y nacionalidad? ¿Somos culpables, nosotros los viejos, por dar luz a hijos apátridas, espiritualmente alienados, políticamente atrasados y económicamente reaccionarios, que solo daño prometen y proveen a la sociedad?...

Degradado o fallido, la etiqueta tiene escasa relevancia. Lo vital es reconocer que por un siglo permitimos que convirtieran a la república en cámara inmoral donde reina el irrespeto a lo más sagrado nacional… ¿Serán ya tiempos buenos para expulsar a los ladrones del templo?

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