Como parte de su compromiso ciudadano la iglesia Vida Abundante acaba de emitir un documento denominado “Decálogo del buen político”, para los que aspiran a ocupar cargos de elección popular y guía didáctica para que los ciudadanos evalúen a los potenciales futuros funcionarios del gobierno.
El político, señala el documento, tiene que ser una persona íntegra en su vida pública y privada, siempre debe hablar con la verdad, actuar sometido a la ley, en sus actuaciones respetar los derechos de todos los seres humanos.
Asimismo, el buen político está obligado a trabajar por la construcción de una mejor sociedad sin supeditarlos a los intereses personales o de pequeños grupos, en aras de un mejor futuro no debe temerle a los cambios, no piensa en el presente, sino siempre en las generaciones venideras, ve en los problemas oportunidades.
Los últimos dos principios del decálogo son contundentes al sentenciar que el político nuevo es aquel que reconcilia la ética con la política y además que cree profundamente en el poder de Dios en su vida y en la del país.
Algunos pensarán que estos principios son un sueño, una utopía imposible de alcanzar, sin embargo no es verdad, existen muchos hombres y mujeres en Honduras que llenan los mandatos de ese decálogo, lo que sucede es que aún no han decidido dar el paso al frente y entrar en el mundo de la política por lo desprestigiada que está ese campo de la vida social.
La gran mayoría de los ciudadanos se quejan de los malos políticos, de los corruptos e indecentes, pero poquísimos aportan su esfuerzo en revertir esta tendencia.
De ahí que no cabe dudas que las iglesias de todas las denominaciones tienen un enorme papel que jugar en el adecentamiento de la actividad política en el país. Sin utilizar los púlpitos ni los altares como plataformas de lanzamiento de candidaturas.
Hay que tener presente que la fe sin práctica concreta en el mundo real, es como lo señala la Biblia “sepulcros blanqueados”.