Opinión

Decadencia pasada y auge actual de Comayagua

Aun con anterioridad al traslado de la capital hondureña a Tegucigalpa (1880), la antigua Santa María de Valladolid (fundada en 1536), acusaba una prolongada crisis económica y demográfica, a medida que sus actividades mineras y pecuarias se contraían y varias familias migraban hacia la costa norte, inducidas al igual que otras de Santa Bárbara y Copán por la bonanza generada por el cultivo del banano, el Ferrocarril Nacional y la disponibilidad de tierras nacionales; adicionalmente, la ciudad había sido varias veces saqueada, e incluso incendiada, por invasiones extranjeras y guerras fratricidas.

El Real de Minas de San Miguel de Heredia, por su parte, se expandía merced al dinamismo de su burguesía mercantil-hondureña y alemana-, el renacer minero particularmente tras la fundación de la New York & Rosario Mining Co., y la decisión del presidente Soto de realizar, “por ahora” la reubicación de la capitalidad.

Así, Comayagua entró en una somnolencia y aletargamiento que duro décadas al extremo de convertirse casi en un mero punto de tránsito entre Tegucigalpa y San Pedro Sula.

Esta situación empezó a cambiar debido a varios factores: la instalación de un sistema de riego durante la Administración Gálvez (1949-1954), mismo que continúa funcionando; el despegue del cultivo del café en las zonas montañosas aledañas; los programas de extensión agrícola del Servicio Interamericano de Cooperación Agrícola (STICA) financiados por Estados Unidos; más recientemente, la decisión del empresario de los agronegocios, Miguel Facussé, de expandir sus plantaciones de frutas y legumbres en el Valle de Comayagua, para su venta en el mercado interno y en el exterior, ya debidamente procesados; la presencia de la Misión Técnica de Taiwán, que en colaboración con la Secretaría de Recursos Naturales (actualmente de Agricultura y Ganadería), tecnificó la cría de cerdos, introduciendo el cultivo de vegetales y fruta orientales para consumo interno y externo, la cría de tilapia y el cultivo de orquídeas; la construcción del canal seco que acorta las distancias entre la región central con las costas del Golfo de Fonseca y del Caribe; la compra de tierras aledañas a esa ruta por parte de inversionistas salvadoreños; el dinamismo demostrado por el actual alcalde, Carlos Miranda, quien contando con la ayuda de la Cooperación Española ha restaurado el centro histórico urbano, lo que ha contribuido al crecimiento del turismo; la ganadería local ha recibido un impulso gracias a la visión de la familia Gómez y su empresa Del Corral, que a partir de 1988 impulsa un proyecto integral de crianza de ganado vacuno, el procesamiento, comercialización y exportación de carne, contratando a 400 empleados (D & N, suplemento económico diarios EL HERALDO y La Prensa, 25 marzo 2014, pp. 4-5).

Cuando los productores comayagüenses tengan acceso al aeropuerto de la base militar estadounidense de Palmerola, se reducirán los costos de transporte, ya que hoy debe exportarse vía San Pedro Sula.

De esta manera, Comayagua departamento y ciudad, otean el futuro con fundado optimismo. Compete a sus fuerzas vivas y al sector público aprovechar al máximo estas coyunturas para alcanzar un desarrollo humano y material sostenible, duradero y ordenado. Cuenta con las necesarias condiciones climáticas y adecuados recursos naturales para su crecimiento ininterrumpido y equitativo.

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