Columnistas

Velos y silencios en la historiografía

La historia oficial, escrita por personas política e ideológicamente adherentes con el régimen de turno y el poder emanado de él, tiende a ocultar o deformar hechos que evidenciaron violaciones a los derechos humanos: ejecuciones sumarias, desplazamientos de pobladores, promulgación de legislación discriminatoria en función de raza, credo, nacionalidad.

El sistema educativo, en sus distintos niveles, es el encargado de inculcar y perpetuar en el estudiantado la versión historiográfica sancionada por el Estado: ortodoxa, sesgada, unidimensional. Así, las atrocidades y saqueos perpetradas por los imperios coloniales en contra de los pueblos aborígenes y sus culturas fueron silenciadas, prevaleciendo la “leyenda blanca”, la “misión civilizadora y pacificadora”, “la carga del hombre blanco”, justificativas de la explotación y el saqueo que enriquecieron a las metrópolis a expensas de sus dominios. Surgieron voces aisladas, valientes, de denuncia pública, ofreciendo versión diferente, disidente.

Fray Bartolomé de las Casas en “Breve relación de la destrucción de las Indias Occidentales” y en “Historia de las Indias Occidentales” expuso su testimonio vivencial, respaldado por su experiencia previa al sacerdocio, cuando fue encomendero.

En muchas naciones han ocurrido tragedias que han provocado “sangre, sudor, lágrimas”: esclavitud, servidumbre, masacres, genocidios, invasiones, deportaciones, persecuciones por razones políticas, religiosas, culturales, “desaparecidos”, “limpieza étnica”, campos de concentración, pena de muerte, torturas. La crueldad y perversidad de los sistemas y de quienes los manipulan para su beneficio son infinitas para provocar sufrimiento, dolor, desolación. “El hombre es lobo del hombre”. Corresponde a quienes dedicamos nuestras vidas a investigar el pasado -lejano y cercano-, a contribuir a despejar esos velos, telarañas, muros ideológicos. El compromiso profesional y ético nos obliga a actuar consecuentemente, sin evasiones ni temores, con objetividad y veracidad, despojados de maniqueísmos, ubicando en contexto procesos, tendencias, personas, sucesos. “La verdad os hará libres”.

Pero para alcanzar la libertad -personal y colectiva- debemos forjarla cotidianamente, no está dada, hay que construirla, defendiéndola para preservarla una vez alcanzada. Tal ocurre con la emancipación política de las naciones, en diversas épocas. Si se considera que tras las luchas por obtenerla ha llegado el momento de relajarse, se desemboca -tarde o temprano- en el neocolonialismo, en la neodependencia respecto a la antigua metrópolis o en otra emergente. Protegerla corresponde a todas y todos, cada quien, en su trinchera, sin bajar la guardia, sin esperar que tal compromiso cívico le corresponde únicamente a quienes poseen el monopolio de la fuerza. Se trata, nada más y nada menos, de la supervivencia como nación libre, soberana, independiente, pequeña territorialmente, pobre en recursos naturales, pero digna y rica en dignidad y honorabilidad.