Inicio con una antigua frase del entonces administrador del suministro de agua de la ciudad de Roma, Sexto Julio Frontino (quien vivió del año 35 al 103 de nuestra era): “A los beneficios tan numerosos y tan necesarios de tantos acueductos, van pues a comparar las pirámides que no sirven obviamente para nada o también las obras de los griegos, inútiles, pero celebradas por todas partes”.
Las grandes obras egipcias y griegas, comparadas con los trascendentales acueductos romanos fueron llamadas por Sexto Julio “inservibles” e “inútiles”. Los romanos conocían la importancia del agua: a principios del siglo III ya existían once acueductos que abastecían la ciudad de Roma. El primero, el Aqua Appia, se construyó en el año 312 antes de nuestra era, y solo tenía 1.6 km de largo, la mayoría bajo tierra. El Aqua Claudia, del que aún se conserva parte, medía 69 kilómetros y 10 de ellos eran sobre arcos, algunos de ellos de hasta 27 metros de altura.
El imperio siguió creciendo, y como dice la obra Roman Aqueducts & Water Supply (Los acueductos romanos y el suministro de agua), “adondequiera que llegaban los romanos, llegaban sus acueductos”, no sólo pensados como un legado, sino como una necesidad creciente, pero permanentemente atendida. Se calcula que Roma llegó a disponer de un millón de metros cúbicos de agua al día para cubrir las necesidades de una población en constante aumento y para alimentar las once grandes termas, los cerca de 900 baños públicos y las casi 1,400 fuentes monumentales y piscinas privadas.
El permanente esfuerzo de los romanos por asegurar agua los llevó a poner el concreto y la ingeniería al servicio del agua, por el bienestar general de la población. Esta lección histórica de administración de los recursos de una ciudad parece que no ha sido materia de estudio de ningún alcalde o entidad pública. Mucho menos llevada a la práctica. Sin agua no puede haber crecimiento poblacional ni habitacional. Para aprobar un proyecto habitacional debe primero estar asegurado el suministro de agua y servicios públicos del mismo, nunca sacrificando la seguridad y el derecho de la población adyacente.
Si los romanos sabían identificar y aprobar la calidad de las fuentes de agua para después invertir los recursos del imperio en el proyecto de llevarla a Roma, creemos que todos los recursos que se invierten en estas inútiles obras pueden redirigirse para la obtención de este recurso que hoy valoramos no por su importancia, sino por su ausencia. A los 12 señores que encabezan el cuerpo municipal les decimos que no queremos más concreto: el concreto no se bebe. Queremos agua transportada en acueductos de concreto.
Ustedes fueron electos para dar seguridad básica a la población de esta ciudad. Si quieren vivir vidas de faraones o filósofos griegos están en la posición y el país equivocado. Señores: queremos agua, no concreto.