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Fui invitado a un programa de televisión. El punto de partida de la entrevista fue la responsabilidad y el optimismo, antídotos de la visión negativa en las que caemos con cierta facilidad. En diferentes momentos fuimos reafirmando la idea de que cualquier situación objetiva cuenta con una mezcla de factores considerados por algunos como positivos y otros negativos. No resulta objetivo considerar solo uno de los dos aspectos.

Recuerdo una historia que escuché hace mucho tiempo. Una industria de calzado desarrolló un proyecto para exportar zapatos a la India. La gerencia envió a sus dos mejores consultores a puntos diferentes del país para hacer las primeras observaciones del potencial de compra de aquel futuro mercado. Luego de algunos días de investigación, uno de los consultores envía el siguiente mensaje a la gerencia: “Sugiero cancelar el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí nadie usa zapatos”. Días después, sin saber nada del mensaje anterior, el segundo consultor escribe: “Sugiero triplicar el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí todavía nadie usa zapatos”.

La misma situación es contemplada desde puntos de vista diametralmente opuestos. Uno ve un obstáculo insalvable cuando el otro contempla una maravillosa oportunidad. Las situaciones más variadas de la vida son solamente espejos que reflejan nuestros propios pensamientos y actitudes. El optimismo es la coronación de muchas virtudes cultivadas con paciencia. No podemos evitarlo, vemos desde la óptica de nuestra propia realidad interior. El virtuoso, acostumbrado por medio del esfuerzo cotidiano a cultivar su mundo interior, luego puede desplegar una intensa actividad en el exterior.

Para el perezoso, por ejemplo, todo se vuelve un obstáculo infranqueable. El perfeccionista solamente mira los “pelos en la sopa”. Está más pendiente de los resultados que de hacer el trabajo con perfección, por amor. El vanidoso contempla las risas o censuras que genera su comportamiento. En cambio, para el fuerte, los obstáculos se convierten en retos que superar. El enamorado pareciera que tiene alas en los pies que le llevan a volar sobre los obstáculos. El servicial no ve más que ocasiones de servir. La visión positiva o pesimista, por otra parte, también influye en nuestras acciones. El optimismo rejuvenece nuestro esfuerzo por ser mejores personas. Nos ayuda a desarrollar virtudes reales: paciencia, buenos pensamientos hacia los demás, preocupación sincera por los problemas ajenos, que luego son como un río que rebalsa de buenas obras. Por eso, el primer antídoto contra el pesimismo es el conocimiento personal: conocer nuestras cualidades y defectos nos llevará a enderezar las formas equivocadas de enfocar la realidad. El perezoso conocedor de su defecto dominante, por ejemplo, desconfiará del cansancio excesivo que suele justificar sus retrasos y abandonos. El impaciente, consciente de este vicio, aprende a esperar, con fortaleza, los frutos de su lucha que parecen tardar.