Hace algunos años, con el fin de activar el turismo interno, se fijó en la primera semana de octubre un feriado similar al que se da en la Semana Santa, producto de los asuetos que tradicionalmente se conceden el 3, el 12 y el 21 de octubre. Y se le dio el nombre de feriado morazánico o semana morazánica, en nombre de la figura histórica más prominente que tenemos en Honduras.
Esta idea a simple vista parece muy buena. Los estudiantes y trabajadores esperan con ansias ese de fin de semana largo para vacacionar o simplemente descansar. Y de paso se activa el turismo y la economía en general de un país en el que el sector turismo representa al menos el 6% del PIB, según el Sistema de la Integración Centroamericana (Sica). Sin embargo, en Honduras tenemos dos estaciones, la lluviosa y la seca. Por nuestra ubicación, recibimos año con año mucha lluvia desde el Caribe, a veces en forma de huracanes o tormentas tropicales, que se dan por septiembre, octubre e incluso noviembre.
En este 2022, por ejemplo, debido al paso del huracán y luego tormenta tropical Julia, se le recomendó a las personas que se habían desplazado hacia diversos puntos del país que por favor regresaran a más tardar el sábado debido a la condición climática que atravesaba el país en ese momento. Sin contar con que se sospechó y se dejó entrever un par de semanas antes que era posible una suspensión del feriado a consecuencia de las condiciones climáticas.
Una situación similar se vivió en 2020, con la diferencia de que el asueto en ese año se reprogramó para noviembre debido a la pandemia, y justo para la fecha a la cual se había trasladado se dio el huracán Eta, cuyas consecuencias creo que aún no dimensionamos.
No quisiera ni pensar en lo duro que debe ser para un administrador de un hotel o restaurante de La Ceiba, Tela, Gracias, Copán, Valle de Ángeles o cualquier otro destino turístico, que ha puesto sus esperanzas económicas en el desplazamiento masivo de personas para esas fechas, primero que se ponga en duda, que se termine antes de lo esperado o que definitivamente se cancele el feriado. Es mucho dinero el que está en juego.
Hay sitios en internet especializados en turismo que -directamente- recomiendan no viajar a Honduras en los meses en los que es posible que el país se vea afectado por un huracán o una tormenta tropical. Lo cual me parece un excelente consejo. Además, nos puede dar la pauta de que no es una buena idea planificar una semana turística en fechas que coincidan con la temporada ciclónica.
Creo que si el concepto de ese feriado largo existe, le gusta a la población y le conviene a la economía y a la productividad del país, no tiene por qué eliminarse. Quizá sea una buena idea programarlo para otra fecha, siempre con el espíritu morazánico. Un par de experiencias creo que es suficiente para darse cuenta de lo que conviene o no. Creo que 2023 es el año en el cual debería probarse una estrategia distinta.
Debo agregar, además, que siempre me pareció extraño que las tres festividades de octubre fueran motivo de asueto. Podrían simplemente no serlo y ya. Dudo mucho que algo trascendental para el país sea afectado a raíz de un cambio de ese tipo. Al contrario.Y recordemos, debido a los efectos del cambio climático, los temporales, ya sea secos o de lluvia son cada vez más duros. Así que este año no ha sido casualidad, los anteriores tampoco.