Entonces, el presupuesto general de la República para 2026 seguirá siendo de gasto inercial. Prácticamente lo de siempre. Se gasta mucho y se avanza muy poco. Demasiado próximo a la nada. El crecimiento económico sigue en ralentización (no pasa del 3.5%), sin cambios estructurales en la distribución, con desequilibrios entre las ramas de actividad económica, sin generación dinámica de empleos decentes, con bajísima complejidad económica, muy alejados de la producción potencial ya de por sí estancada y sobre todo, con escaso aporte a lo que debe interesar en materia económica: el Desarrollo.
Nos repiten que estamos mejor y que vamos a estar bien. El problema sigue siendo que al no cambiar nada de lo sustancial, seguiremos en lo de siempre. Incomoda que se diga que hay maneras de transformar con capacidad técnica y compromiso ético la asignación de recursos públicos mientras, siguen las mismas prácticas de reparto de las instituciones y de los cargos, tal si fuese un botín entre malhechores o, una feroz pugna reptiliana.
¿Se mejoran las asignaciones presupuestarias para Educación y Salud? En algo, pero todavía sin marcar una diferencia sustancial que realmente rompa con la racha de rezagos y déficit sociales. Lo asignado para ambas secretarías de Estado va en el orden de L46,400 y L31,400 millones. En educación, el incremento presupuestario alcanzará solo para pagar los ajustes salariales de los docentes establecidos en Ley, quizás para la reparación de una porción de los centros educativos, seguro no habrá recursos para construir nuevos centros ni tampoco para garantizar conexión de internet y dotar de agua y servicios sanitarios apropiados para todos los edificios escolares. Seguirán faltando recursos para que ya no haya maestros de educación básica atendiendo a mas de un grado. La administración anterior dejó textos escolares mientras la actual, podrá repartirlos y, habrá que ver si el próximo año hay una nueva impresión.
En Salud, al menos se rompió con el congelamiento presupuestario que impuso la última administración de Hernández Alvarado. El gobierno de Castro incrementó el presupuesto llevándolo a unos L30,000 millones, aunque hubo mala ejecución, se avanzó poco en la construcción de los nuevos hospitales y hubo serias deficiencias en los ya existentes. Para este 2026, hay una nebulosa en la continuidad de la construcción de esos hospitales (igual en inversiones eléctricas) y curiosamente, lo publicado en el diario oficial no especifica lo asignado, despertando dudas.
Hablando de otras áreas, la nueva administración presume que habrá mayor presupuesto para la fiscalización a través del Tribunal Superior de Cuentas (TSC) que lleva impregnado en sus sobrenombre la imagen de insatisfacción ciudadana en ausencia de resultados contundentes en el combate a la corrupción y mal uso de los caudales públicos. Este año, el TSC tendrá una asignación de L778 millones (doblando promedio histórico) que ha sido anunciado con la promesa de mayor auditoría y rendición real de cuentas a todo nivel, incluyendo a los gobiernos municipales.
Cerrando el comentario, continúan incrementando las asignaciones para el tema de seguridad y para cumplir las crecientes obligaciones de la deuda pública, mientras la “visión” de país y Plan de Nación, nuevamente desenterrados, pero no alcanzan a constituirse en un auténtico plan nacional de desarrollo, consensuado y ejecutado inteligentemente en consulta activa con los sectores representativos.