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Cierto es que necesitamos una nueva norma penal acorde con los tiempos. Pero el Decreto 130-2017, Código Penal, no llena expectativas, sino que alarma. Elementos objetivos y subjetivos de tipos fueron omitidos, así como sus penas, dificultando su aplicación. Habría injusticia. Sea pro delincuentes o contra inocentes. “Preferible 100 delincuentes libres que un inocente preso”, me dijo mi papá.

En el Decreto 130-2017, nuevo Código Penal, a entrar en vigencia mañana, no se entiende el tratamiento laxativo y promotor de delitos contra de la mujer. Desafortunado lapsus de hijos, esposos, padres diputados y mujeres diputadas. Así con delitos de corrupción, lavado de activos y narcotráfico. Como si Honduras pasara a ser el paraíso de la impunidad. La impunidad es más temible que la criminalidad. Su efecto, peor que dejar sin castigo a los delincuentes, es el de fomentarla. No hay castigo: más y mayores delitos.

No se trata de oponerse a la entrada en vigencia del Código Penal, para impedir que unos delincuentes de cuello blanco (existen evidencias irrefutables) queden en libertad. Ni tendrían que estar presos si no existieran fundamentos para la prisión preventiva. El asunto es que este Código Penal no tiene arreglo. Hay que derogarlo y hacer uno nuevo. Lo que será posible hasta que entre en vigencia. Pero ya existiendo el compromiso patrio del Presidente del Congreso Nacional y de su secretario (no se necesita más consenso en el Congreso Nacional) de que el mismito día que entre en vigencia se derogue. Entonces que nuestros representantes se apoyen en tanto voluntariado existente para producir la norma penal que nos acerque al ideal del fin de la impunidad. En el entendido de que sea pospuesta su entrada en vigencia mañana domingo 10 de mayo.

Contrario a unos, creo aún en el liderazgo responsable del presidente Oliva. Renueva la esperanza con la convocatoria.