La Academia Hondureña de la Lengua ha instituido dos premios anuales con los que estimula a compatriotas de valía que con sus aportes intelectuales han contribuido a ensanchar los horizontes literarios, lingüísticos e históricos de la cultura nacional.
El primer galardón, con el nombre de Ramón Amaya Amador, fue otorgado a Pompeyo del Valle, Miguel R. Ortega, Julio Escoto, poetas los dos primeros, ensayista, cuentista, novelista, el tercero, reconociendo sus significativos legados acumulados a lo largo de sus trayectorias existenciales -fructíferas y límpidas-.
Con el segundo premio, que lleva el nombre de Rafael Heliodoro Valle, se estimula a jóvenes valores en las ciencias históricas que cuentan con obra publicada que respalda su quehacer.
Los colegas Evelio Inestroza y Yesenia Martínez son los hasta ahora distinguidos. El primero por sus obras relativas a la evolución y expansión de la educación pública hondureña en los siglos XIX y XX, y sus estudios de historia local y departamental. Entre sus libros figuran: “La escuela hondureña en el siglo XIX”, “Intibucá (1536-1899): albores del departamento, poder oligárquico y pueblos ancestrales” y “Jurla en el Valle de Otoro: historia de Jesús de Otoro y de los pueblos antiguos del valle (1536-2007)”.
La segunda estudia el desarrollo de la salud pública y seguridad social, desde la Reforma Liberal al presente, incluyendo los enfoques, modelos, estrategias aplicadas, el recurso humano involucrado, la infraestructura hospitalaria edificada, las epidemias prevalecientes en diversas épocas, los tratamientos preventivos-curativos utilizados, orientados a la reproducción de la fuerza laboral.
Entre sus aportes bibliográficos están “La seguridad social en Honduras: actores sociopolíticos, institucionalidad y raíces históricas de su crisis”, “La diáspora africana en los programas educativos en Centroamérica” (en colaboración con Dario Euraque), “Salud nacional y salud transnacional en la atención de enfermedades infecciosas y tropicales de las poblaciones subalternas en Tegucigalpa y el Caribe de Honduras, 1902-1933” (en proceso). Ambos realizan investigaciones documentales que aportan nuevas luces, ampliando lo hasta ahora conocido. Tanto en literatura, lingüística e historia, la generación ya consagrada está siendo exitosamente reforzada por la emergente, entrenada en universidades locales y extranjeras en donde ha aprendido técnicas y metodologías específicas y nuevos enfoques interpretativos. Entre ambas se da una continuidad y recíproca colaboración, sin rupturas ni antagonismos generacionales.
La Academia Hondureña de la Lengua se ha dinamizado, proyectándose crecientemente a la comunidad nacional con múltiples actividades: jornadas académicas, talleres de redacción creativa, presentación de autores y libros, publicaciones de textos en distintas ciudades. También se hace presente en congresos internacionales de la lengua, representando digna y provechosamente al país. Congratulaciones a la docta institución y a los compatriotas galardonados (a). En el futuro cercano oportunamente serán reconocidos otros valores de la intelectualidad nacional.