Columnistas

Martí en valle de Sula

Hasta hace escasas décadas se creía que el prócer panamericano José Martí había pasado fugazmente por Honduras en 1878, de Guatemala a La Habana, pero según original estudio concluido por los maestros cubanos Froilán González y Adys Cupull, resumido en “Huellas de José Martí en Honduras”, a publicarse en febrero de 2019, tal tránsito fue mucho más que eso, ya que con su joven esposa Carmen Zayas Bazán cruzó Ocotepeque, valles de Quimistán y Sula, Puerto Cortés y La Ceiba, previo a embarcar hacia su amado suelo desde Trujillo.

Refieren los autores que para entonces existían en San Pedro Sula dos alojamientos, de doña Engracia y doña Francisca Ramos, conocida esta como Chicarramos (que también cita Mary Lester o Soltera en su precioso libro de viajes). Se sabe que Martí y su cónyuge se hospedaron en la pensión de la Ramos, quizás por recomendaciones de cubanos u otras personas que frecuentaban la ciudad. Era respetable y se ubicaba en una de las principales plazas. Tomando diversos testimonios y documentos, fundamentalmente del profesor Eliseo Fajardo, la residencia de Ramos fue de las más famosas en la urbe y era de dos plantas de madera, con piso de mosaico y piezas de losa, ingresándose a ella por enorme portón.

Le decían Chica y uniendo nombre y apellido surgió el apodo Chicarramos.

Se ubicaba cerca de la plaza central (quizás en avenida tres y calle tres suroeste) y anexo contaba con salón de billar, próspero desde que se comenzó a construir el ferrocarril, así como alquilado para bailes.

Chica Ramos tenía fama de elegante y distinguida, buena administradora y con nivel económico acomodado; la pensión contaba con varios empleados y ancho establo para caballos o mulas de huéspedes. Junto a ella existían otras viviendas de familiares y trabajadores, sembradíos de verduras que suministraban productos a la pensión. El patio estaba catalogado como hermoso y habitado por papagayos, pavos reales, gallos, gallinas, otras aves de corral. Chica era considerada una emprendedora y muy amiga del doctor noruego Pedro Sturm, así como de otras figuras que laboraban como abogados, ciertos de ellos con mala fama y a quienes conocían como tinterillos por el modo engañoso e hipócrita de actuar. El hotel ofrecía frutas frescas y en conserva, chocolate, leche, quesos, mantequilla, vinos ligeros, huevos, café, pan
y bananos.

La información proporcionada por el maestro Eliseo Fajardo reafirma lo suscrito por el generalísimo Máximo Gómez ––independentista como Antonio Maceo; la finca de este originó el nombre Baracoa en Honduras, su cuna cubana–– cuando permaneció en Honduras, momento que su diario atestiguó afirmando que en octubre 25 de 1880 se alojó en San Pedro Sula en casa de la Ramos. Allí permaneció tres días, tras que determinó salir en mula para Puerto Cortés por falta del tren.

Los viajeros generalmente tomaban ese medio de transporte hasta el citado puerto, distante unos 53 kilómetros. El viaje duraba varias horas y se detenía previo en Río Blanco, Choloma, Bijao y Baracoa. El servicio carecía de horarios fijos e incluso en ocasiones podían pasar tres días o más sin ofrecerse.

Desde que se inauguró el ferrocarril el camino comunal entre ambos sitios se abandonó y se tornó muy peligroso por asaltos continuos de ladrones y bandidos.

Pasarás entonces por allí cierta tarde, lector, y aprenderás a reconocer la intensa y profunda huella histórica que esa ruta tiene para Honduras, ya que uno de los hombres más puros e íntegros de América ––limpiamente revolucionario–– que es José Martí, la recorrió antes que ti, cual anticipada
guía espiritual.