En un reciente artículo publicado por este mismo rotativo se informó que de acuerdo con una encuesta realizada a personas desempleadas, el 75% de ellas prefiere trabajar en relación de dependencia. En realidad este resultado no debería sorprendernos pues en nuestro país tanto el sistema educativo como el entorno general no son propicios para que una persona trate de emprender un negocio propio. El término emprendedores -entrepreneurs en inglés- identifica a las personas que conciben un modelo de negocios y que están dispuestas a asumir los riesgos implícitos en iniciar un negocio propio, motivadas por un orgullo personal y profesional y al mismo tiempo por obtener una ganancia. Un emprendedor debe tener el olfato para identificar una oportunidad de negocios, tener confianza en sí mismo y estar dispuesto a trabajar duro y sin horario.
El emprendedor debe ser capaz de diseñar y ejecutar un plan de negocios, de motivar a otras personas para que lo acompañen y de convencer a sus financiadores de la viabilidad del mismo. Generalmente, los emprendedores son asociados a los micros y pequeños negocios, porque se caracterizan por ser proyectos generados por una o dos personas, que son las que asumen los riesgos de empezar un negocio.
La mayoría de los emprendedores surgen de la llamada generación del milenio, conformada por las personas nacidas entre los años 1981 y 2000. Según estudios realizados esto se debe a que estas personas tienen niveles más altos de educación y no tienen miedo a endeudarse, con tal de convertir su idea en una realidad. Adicionalmente, las altas tasas de desempleo obligan a las personas a la búsqueda de una alternativa para su superación personal.
El desarrollo de los mercados de capitales juega un papel súper importante. En los países más avanzados existen lo que se llama Fondos de Capital de Riesgo o Venture Capital, que es una institución de inversión colectiva que tiene como objetivo invertir en empresas y preferentemente en empresas de reciente creación, que se denominan startups y que tienen gran potencial de tener éxito.
Los fondos de capital de riesgo surgieron en los años noventa como un mecanismo para invertir en sociedades novedosas, teniendo como objetivo principal las empresas nuevas con fundamentos tecnológicos y de jóvenes emprendedores. También invierten en empresas establecidas que son exitosas y que requieren de capital sin necesidad de volverse públicas, es decir, registrarse en una bolsa de valores y de emitir instrumentos financieros.
El mejor ejemplo de un entorno proclive al emprendimiento se tiene en el reconocido Silicon Valley, el cual tiene dos grandes bastiones como ser dos universidades reconocidas mundialmente como Stanford y Berkeley y la ciudad de San Francisco, un centro financiero de gran magnitud.
Entonces en Honduras tenemos que pensar en crear las condiciones para que nuestros mileniales puedan convertirse en motores de desarrollo, haciendo alianzas con las universidades y promoviendo las condiciones para facilitar los nuevos emprendimientos. Esto nos podría permitir retener muchos de nuestros jóvenes que van a estudiar al exterior y luego no regresan a Honduras. Solo veamos la membresía de Honduras Global.