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Los discursos de los Premios Oscar

“Mamá, acabo de ganar un Oscar”, fueron las palabras que volvieron viral al actor Ke Huy Quan, que acababa de ser galardonado como Mejor actor de reparto. Las dijo con lágrimas en los ojos, porque un Oscar no se gana todos los días, y porque el camino para lograrlo no es fácil, y detrás de él hay muchísimo esfuerzo y sacrificio. También dijo: “Este es el verdadero sueño americano. Yo debo todo al amor de mi vida, mi esposa, Echo... Mantengan sus sueños vivos”. Igual de emotivos fueron los discursos de Jamie Lee Curtis y Brendan Fraser, cada uno por razones distintas, pero igualmente humanas y absolutamente válidas.

Los Oscar, por ser un evento de élite y concentrar a actores millonarios, suelen revestirse de frivolidad a los ojos de los espectadores. A mí, en esta ocasión, me gustaría revestirlos de profundidad y humanismo. Me llama muchísimo la atención como los actores, productores, músicos y directores casi siempre hacen referencia a dos cosas: la primera de ellas es el trabajo en equipo realizado con excelencia; la segunda, es la familia. Rara vez, casi nunca, alguien se da baños de grandeza.

Si bien, siempre hay discusiones sobre si las películas ganadoras son de verdad las mejores, lo que no se puede negar es que se han realizado con excelencia, y por esa razón llegaron a la noche de la gala. Y la excelencia siempre inspira a los demás.

Como dije antes, un elemento que siempre se menciona es la familia, ya sea papá, mamá, esposo, esposa, hermanos, hermanas, amigos o amigas, y es un elemento que hay que destacar, porque no creo que se trate de alguna casualidad. Casi siempre, para alcanzar nuestros sueños es fundamental recibir apoyo de las personas que nos rodean, y sobre todo, sentirnos queridos y aceptados por ellos.

También es curioso como existe actualmente una tendencia de pensamiento entre muchas personas, que dice que los hijos, por ejemplo, son un obstáculo para alcanzar los sueños. Y particularmente estoy en desacuerdo con esa idea, porque son muchas las personas que tienen historias de éxito después de conformar una familia funcional y siendo feliz en ella.

Quizá no les pase a todos, pero estoy seguro de que no soy el único que cuando acaba la gala de los Premios Oscar se siente con un poco de inspiración extra. Creo un poco más en mis anhelos y mis sueños. Lo mismo me sucede en los Juegos Olímpicos, y no necesariamente en la premiación, sino en las competencias, en las que veo de lo que es capaz el ser humano cuando pone todo su esfuerzo y se disciplina de verdad. No creo que ninguno de los premiados este año, por ejemplo, haya conseguido el galardón practicando la cultura del facilismo y del menor esfuerzo.Y no creo que se trate de motivación vacía, sino de verdaderas historias que nos inspiran y nos hacen ver que muchas de las cosas que deseamos son posibles.

Después de todo, creo que algo fundamental para el espíritu del ser humano (no hablo en el sentido religioso, sino existencial) son las historias. No lo notamos, pero prácticamente vivimos de ellas, ya sea en primera, segunda o tercera persona. Porque nuestros recuerdos, relaciones, sueños, anhelos, miedos, éxitos, fracasos, la familia, amigos y pasatiempos son, después de todo, historias. Como las de las películas y como las de los actores y las actrices.