Columnistas

Los bienes fundamentales del hombre

TEGUCIGALPA

Hay un conjunto de bienes fundamentales del ser humano que contribuyen al florecimiento de la persona y que la razón descubre con facilidad.

Estos bienes fundamentales son: la autoconservación individual y colectiva, el conocimiento racional y la trascendencia de sí mismo.

Sobre este último punto hay que señalar como existe la tendencia del hombre a trascenderse a sí mismo y a establecer relaciones con su entorno. Apareciendo así la tendencia natural a relacionarse con las cosas (medio ambiente natural), con sus semejantes y con el Absoluto.

Los bienes a los que están orientadas estas tendencias se descubren al considerar en qué consiste una relación digna del hombre, esto es, qué es lo humano en cada relación. La trascendencia de sí mismo y la búsqueda de relación no acaba con el medio ambiente y con los semejantes. El hombre tiende a buscar algo que dé sentido definitivo a su existencia, y a relacionar el mundo y su propia vida con él.

Para nosotros creyentes, ese Absoluto que buscamos y que da sentido a la vida y sus tejidos se llama Dios.

Creer es un bien humano fundamental que expresa el florecimiento de algo específicamente humano: la posibilidad de indagar la causa última de la existencia y de establecer una relación intencional de la criatura respecto a su Creador.

Importante entonces decir: que cuanto mejor se conozca la identidad de cada cosa, de las personas y de Dios, más apropiado podrá ser el trato que se les otorgue.

Todos estos bienes señalados, pueden llamarse de otra forma o incluso ampliarse o simplificarse, pero difícilmente puede negarse que todos ellos son fines del hombre captados por la razón a partir de las inclinaciones naturales de todo ser humano.

Estos bienes fundamentales son “bienes para la persona” que se ponen al servicio del “bien de la persona”, del bien que es ella misma y su plenitud. Por eso al respecto el Papa hoy emérito Benedicto XVI supo decirles a los jóvenes en su misa de inicio de pontificado el 24 de abril de 2005: “¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo”.

Por ello, la cercanía de la Semana Santa, en las circunstancias actuales, nos ayude como espacio existencial a preguntarnos en nuestra relación vital con Dios, que permita experimentar lo que para Pablo fue un bien fundamental: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Flp 4,13)