En este momento existen dos tipos de personas en el poder. Por un lado, están los radicales que se imponen, no solo en las decisiones públicas, pero también en la manera como usted y yo debemos concebir a Honduras. Por el otro, están los que tienen miedo, no saben qué hacer y prefieren callar ante el embate de un poder agresivo, rencoroso y vengativo.
Hace unas semanas atrás tuve la oportunidad de sentarme con Pedro Barquero, como suelo hacer con diferentes figuras públicas como parte de mi loca idea de hablar con todos dentro de una sociedad polarizada para tratar de encontrar puntos conectores. Esto no solo lo hago con políticos o funcionarios públicos, también lo aplico a la academia, sociedad civil y el sector empresarial en donde también existe desconfianza y antagonismos. Sin embargo, en la política es donde encuentro más emoción e interés, porque, seamos francos, al hondureño le encanta la politiquería.
A Pedro le pregunté sobre su experiencia en la campaña política. Me sorprendió lo franco y abierto que fue conmigo cuando me comentó sobre la manera cómo la alianza PSH-Libre se configuró. Hablamos del trabajo de la comisión de transición y el hecho de que el cuerpo técnico de personalidades con experiencia que representaban al gobierno electo ya no figura. Obviamente lo más interesante fue conocer su experiencia como ministro de gobierno y su intención de producir resultados para ayudar a la economía. Finalmente llegamos a hablar del proyecto de la nueva ley tributaria. Barquero me explicó que había logrado parar técnicamente el proceso en dos ocasiones, pero esta última vez no le compartieron el borrador. Al final caí en la conclusión de que es otro proyecto ideológico más, envuelto en una racionalidad económica, así como lo fueron las ZEDE.
Pedro y yo tenemos amigos en común, fuimos a escuelas similares y somos de la misma generación, eso ayuda a conectar. Pero eso no fue lo que más me produjo empatía, sino su postura de objeción por conciencia en un contexto altamente ideologizado. En varias ocasiones he tenido que ser objetor de conciencia dentro de una organización por mis convicciones personales. Uno sufre marginación, ridiculización, le dicen traicionero y hasta pierde el trabajo. Pero en cada una de esas experiencias que he tenido, el tiempo me ha dado la razón.
Lo que aprendí de Pedro es que hay objetores de conciencia dentro del gobierno. Personas que no son desleales, sino que quieren hacer las cosas bien. En 2023 Honduras está experimentando síntomas de un nuevo proceso de erosión democrática, hay muy poca tolerancia, existe confrontación y se utiliza el miedo. Así como Pedro, conozco muchos académicos, activistas de derechos humanos, oenegistas y mujeres feministas que le apostaron al gobierno porque genuinamente creen que pueden hacer la diferencia. Pues la diferencia se hace haciendo lo correcto.