Así llamó el polígrafo Rafael Heliodoro Valle (1891-1959) a su patria hondureña. Tal sentimiento amoroso lo ha reiterado la compatriota científica María Elena Botazzi Rovida, nominada al Premio Nobel de la Paz, en entrevista concedida a diario El Heraldo (9 abril 2026, pp. 18-19). Al preguntársele “¿qué opinión tiene de Honduras? respondió: “Es mi casa, mis raíces (...). Honduras es mi familia, mi niñez, mis amistades, mi educación, mi cultura, prácticamente un todo”. Continuó afirmando: “...tenemos que entender cuales son nuestros valores, nuestras raíces, nuestra cultura, cual es nuestra misión y visión de vida”. Reside en Estados Unidos, destacando por sus aportes investigativos en vacunas, todas sin patentes, lo que evidencia no persigue lucrarse, todo lo contrario, actuar desinteresadamente en pro del bien común. Ella forma parte de compatriotas, mujeres y hombres, que dentro y fuera de Honduras la han honrado con sus talentos en distintas áreas del pensamiento y la creatividad.
Honduras, “magnifica y terrible”, en palabras del bardo Jorge Federico Travieso, (1920-1953), añorada, desentrañando sus orígenes y etimologías por Oscar Castañeda Batres (1925-1994) con su libro Los nombres de Honduras.
Quienes han debido abandonar el lar nativo por múltiples razones, sea de manera voluntaria o forzada, desde Morazán al presente, la llevan en pensamiento y sentimiento con mayor intensidad y devoción que los que se quedan.
Quien ha leído el bellísimo poema de Víctor Eugenio Castañeda, (1922-1972), más conocido por su seudónimo Jaime Fontana, “Este volver a Honduras” y ha vivido en el exterior, lo hace suyo. Tener que marcharse, lo conocen nuestros héroes y heroínas anónimas, migrantes, que afrontan múltiples riesgos en el recorrido, expuestos, incluso, a perder la vida en el intento por encontrar paz, bienestar, oportunidades. Sea que si o no retornen, permanentemente está presente en sus corazones, añorándola y apuntalando la endeble economía familiar y nacional con sus remesas monetarias.
Sí contamos con compatriotas de los que nos sentimos justificada y totalmente orgullosos también es cierto que hay quienes, con sus actuaciones, la denigran, deshonran, se aprovechan de ella para beneficio propio, incluso, reniegan de haber nacido aquí y no en otras latitudes.
Intentaremos en próximas reflexiones divulgar los nombres y logros de damas y caballeros que han prestigiado y honrado a su patria, tanto aquellos y aquellas ya difuntas como quienes continúan existiendo y brindando desinteresadamente lo mejor de si para beneficio colectivo. Quedaran, involuntariamente, nombres excluidos, sugiriendo a nuestros lectores contribuir a este intento de rescate, anterior y generosamente realizado por personas que nos han precedido en el recorrido vital, exentos de egoísmos y mezquindades.
Solamente si llegamos a conocer nuestros orígenes y raíces, diversidad humana y geográfica, evolución interna y proyección hacia el mundo, seremos capaces de entenderla, sin idealizarla ni subvalorarla, con sus propias identidades nacionales y regionales, en su justa dimensión.
Corresponde a los centros educativos, desde el nivel preescolar hasta el superior, divulgar y estudiar nuestro pretérito y presente, por cuanto son las generaciones emergentes las que tienen la responsabilidad de forjar el destino de la República
libre de miseria material y moral, pacifica y próspera, dueña de su propio destino, construido por todas y todos, sin exclusiones, sin ataduras ni subordinaciones, con designios que manipulan y antagonizan la convivencia fraterna de las naciones.