Estarán todos los países ricos y los pobres para hablar de las enfermedades que afectan más a los pobres y de la industria de los medicamentos que beneficia más a los ricos. Cada mayo sucede en Ginebra, Suiza, la Asamblea Mundial de la Salud, órgano de la OMS, donde se toman decisiones que después son programas de gobiernos, de ahí la importancia.
Esta será la reunión número 72, y como su agenda la tienen en internet (ellos dicen Orden del Día), subrayamos algunos temas: la preparación y respuestas frente a emergencias de salud pública; la cobertura sanitaria universal; la escasez mundial de medicamentos y vacunas; la erradicación de la poliomielitis; poner fin a la tuberculosis.
Bueno, no estarán todos los países, algunos pobres que no llegan y algunos ricos que no los invitan, como Taiwán. ¿Por qué lo resaltamos? Porque nuestra Honduras, empobrecida y enfermiza, tiene una histórica relación con los taiwaneses, que ha permitido intensos programas de educación, agricultura y sanidad. Podrían aportar mucho en ese cónclave mundial.
Pero arriba de estas organizaciones mundiales la medición es otra: como sabemos, la gigantesca China continental mantiene un conflicto permanente reclamando a Taiwán como una de sus provincias, así que la bloquea donde puede, desde la Policía Internacional (Interpol) hasta en la OMS.
Los taiwaneses lograron independizar su economía y su forma de vida, y reclaman su espacio en la comunidad internacional. Recuerdan la ubicación estratégica de la isla, paso obligado desde el Índico al Pacífico de millones de personas y mercancías, y con eso, la necesidad de prevenir epidemias.
Ya pasó, en 2003, con el brote del SARS (siglas en inglés de una atípica neumonía), que se originó en China y afectó también a Vietnam, Hong Kong y países tan lejanos como Canadá y Estados Unidos, a nosotros nos rozó con un caso en El Salvador y otro en Guatemala. Hubo nuchos muertos. Taiwán, excluido de la OMS, no recibió ningún apoyo.
Aparte de recibir, los taiwaneses también pueden dar, y mucho. Es conocido su éxito comercial y su alta calidad de vida, incluye la cobertura sanitaria universal, que supone que todos los ciudadanos tienen acceso a cuidados médicos, vacunas y detección de cánceres. Se suma la alta tecnología en medicina.
Además está ubicada en una zona de catástrofes: tifones, terremotos, tsunamis; entonces encaja en el Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS. Tienen experiencia y recursos; pero la política y el egoísmo también juegan: en 2018, con el rebrote del Ébola, Taiwán ofreció un millón de dólares para atacar la epidemia, y le dijeron que no.
Honduras, con sus necesidades urgentes, estará en la reunión mundial de la OMS; Taiwán espera que la sórdida política le permita una silla como observador, que tuvo durante ocho años, hasta 2017, para dar y recibir solidaridad sanitaria, tan necesaria en estos tiempos.