Columnistas

La historia lo exige

Excito a la juventud, que es llamada
a dar vida a este país que dejo
con sentimiento por quedar anarquizado,
y deseo que imiten mi ejemplo
de morir con firmeza antes que dejarlo
abandonado al desorden en que
desgraciadamente hoy se encuentra.

FRANCISCO MORAZÁN
BREVE CITA DE SU TESTAMENTO

Un letrero le estorbó al poder establecido y lo ha borrado después de muchos intentos; satisfechos de su «hazaña», los personajes cuestionados ya podrían respirar en «paz». Si hay algo que les estorba a estos especímenes, es verse retratados en una pared, mas no en sus actos deshonrosos, para ello acuden a la intolerancia, esa que va más allá de sus redes de corrupción, y a «borrar» las opiniones de la gente, visto que asumen que la única opinión pública en torno a la libertad de expresión es exclusiva de ellos.
Pero un par de días después de borrar el grafiti de la conciencia, la juventud hondureña se aglutinó en uno de los puentes a desnivel en el bulevar Suyapa de Tegucigalpa, para pintar de nuevo el lema: «¿Dónde está el dinero?», frase que se ha vuelto tendencia y el eslogan del pueblo en taxis, paredes, camisetas, calles, buses y hasta en la sopa de los que tragan gordo para exigir el esclarecimiento de los fondos destinados a mitigar la pandemia del coronavirus y dónde fueron a dar los dineros destinados a la compra de los hospitales móviles.
Esto es más que un letrero, la juventud ha demostrado que no son cuatro señores los que manosean la cosa pública y mucho menos los que toman las decisiones.
Y es que históricamente la juventud ha encarado abiertamente a los gobiernos despóticos, ellos han sido el conducto destinado a promover la solidaridad activa de la lucha contra la imposición y la tiranía desde siempre; la fuerza de la juventud incorruptible no ha dejado de agitar al mundo, puesto que la misma es desprendida, es limpia y no carga banderas ideológicas, ni políticas; aún no ha tenido tiempo de mancharse. Por consiguiente, no se equivoca nunca en sus designios, los jóvenes no se adulan entre sí, ni tienen líderes, ni caudillos, ni cálculos electorales; su actitud es contestataria vehemente y no busca protagonismos, ni euforias en la sombra de nadie, no son ni privilegiados ni oportunistas, ya que solo los caracteriza la buena conciencia y la indignación. Ellos mismos plantean sus determinaciones en su agitación dentro de la marcha del país que aspiran tener.
Este movimiento ciudadano contra la corrupción no es político, es cuestión de dignidad, de principios y de vida y muerte, porque se han robado el dinero de la salud pública. Los cipotes han visto cómo fallecen sus padres, hermanos y abuelos, de tal manera que se han visto en el espejo de la injusticia, el robo y la corrupción, por tanto, han decidido «pintarle» la verdad al gobierno intolerante, abusivo, impune y corrupto.
Ya no es tiempo de tomar el tratamiento MAIZ, es tiempo de tomar conciencia y enfrentarlos para que devuelvan lo robado, asimismo, ¡es el momento para que digan dónde está el dinero! No es tiempo de esperar más réplicas de grafitis por todo Honduras, porque ya cruzaron las fronteras, donde Guatemala tomó el mensaje y lo replicó en su capital; letras con pintura blanca se plasmaron en la «Plaza de La Constitución», incluso le agregaron la etiqueta: «#GuateLoExige» en protesta contra la corrupción, de paso, se pidió la renuncia del actual presidente de ese país, Alejandro Giammattei.
Esta pandemia de corruptos contra la sociedad es decidida, una lucha sin activismo político, solo una masa harta y cansada, pero capaz de ponerle límites al poder es lo que tenemos hoy. Nuestros jóvenes que pertenecen a esa masa de compatriotas valiosos, comparten la esperanza de una liberación próxima y total de la nación, mancillada, abusada, encima burlada y ahora repellada para que no se le noten las manchas que la corrupción ha provocado en su cuerpo. Ha llegado la hora de cambiar las estructuras del poder, no hacerlo es la negación absoluta de una sociedad mejor.
¡La historia lo exige!